Transnistria
es una porción de territorio de Moldavia que, desde que este último
país se independizara de la URSS, reclama autonomía e independencia.
Esta nación no está reconocida por ningún otro país en el mundo de esos
que se sientan en la ONU, pero posee frontera, moneda de curso legal,
bandera y sus autos llevan placa propia. Su economía se sustenta por el
apoyo permanente del régimen ruso.
En
cuanto a la proporción del largo en comparación con el ancho, quizás
Transnistria compite con Chile por ser el país más angosto del mundo.
Interesante desafío a corroborar.
Estando
en Chisinau, capital de Moldavia, me preparo para visitar Tiraspol, la
capital de la Unidad territorial autónoma con un estatus jurídico
especial Transnistria; ciudad que saltó a la fama hace un tiempo atrás
porque el equipo de fútbol local le ganó un partido de Champions al Real
Madrid, nada menos que en el propio Santiago Bernabéu.
En
el terminal de buses de Chisinau compro el pasaje para ir a Tiraspol.
El minibús recorre casi una hora y llegamos a un punto de control donde
militares de Transnistria revisan los pasaportes, no los timbran, y en
mi caso, me entregan una visa de 12 horas. Es el tiempo que dispongo
para conocer esta autoproclamada república
Saliendo
de la estación de buses de Tiraspol camino unos 10 minutos y llego a la
avenida principal de la ciudad, la 25 de Octubre (fecha del calendario
juliano en que se inició la Revolución Rusa). Siguiendo los consejos de
blogueros que antes han visitado esta urbe, también por pocas horas,
inicio el recorrido sugerido, de este a oeste.
Le
pido a una pareja que me ayude con una fotografía con el busto de Lenin
que está afuera de la Casa de los Soviéts. Converso con uno de ellos,
me cuenta que, luego de las protestas que se originaron a inicios del
2022 en Kazajistán, Transnistria se convirtió en un nuevo polo de
desarrollo para la minería de criptomonedas. Interesante dato para un
“país” en que me tardé casi 10 minutos en una oficina cambiando 20
dólares. Acá no aceptan tarjetas de créditos ni divisas, menos aún el
Lei moldavo, pero minan criptos.
El
recorrido es de otra época: autos en caravanas con banderas de
Transnistria, Rusas y de la URSS pasan a cada momento; cerca del
monumento a Suvorov (Héroe de guerra ruso) hay parlantes en los postes
de luz donde se escuchan canciones militares de la época soviética; veo a
muchas familias con sus hijos vestidos con traje militar de la URSS;
unas cuadras más al este hay un tanque soviético apuntando a Moldavia.
Termino mi caminata afuera del edificio de gobierno donde aparece una
nueva estatua de Lenin.
Los
9 de mayo son así en Transnistria, se celebra el fin de la segunda
guerra mundial a la usanza soviética. Acá el tiempo no pasa.
En
los días que estuve en Moldavia había alerta máxima por eventuales
ataques rusos. En esta parte de Europa también creen que el tirano ruso
irá por ellos.