Viviendo una patrulla militar por las calles de Punta Arenas

Las últimas jornadas en nuestro país conllevaron a la decisión del Ejecutivo
a decretar estado constitucional de emergencia en distintas regiones de
Chile, a lo cual Punta Arenas y Natales no fueron excepciones asumiendo
el Ejército, Armada y Fuerza Área la tarea de mantener la tranquilidad
ante un contexto de violencia que a muchos ha sorprendido y que aún no
podemos aventurar consecuencias.

Por
una excepcional invitación, tuve la oportunidad de conocer parte del
proceso de patrullaje y resguardo de la población que el Ejército de
Chile desarrolla en la ciudad de Punta Arenas.

Al
llegar y escuchar la planificación inicial y las evaluaciones que
hacían de las altas horas de la noche un extensión del día, fue
inevitable escuchar sobre comentarios de la familia y los niños en sus
hogares que no habían visto hace días, también de una celebración de
matrimonio postergado “hasta nuevo aviso” y las esposas que también
cumplen labores en otras ramas de la defensa.

Un
poco de confianza y comenzaron a aflorar referencia a las situaciones
vividas en operaciones de paz en Haití, Bosnia y Chipre, en el terremoto
de la zona central, Tocopilla, Santa Olga y Copiapó, comprendiendo que
de una u otra forma esas instancias habían dado una experiencia
fundamental en momentos.

Embarcar
el camión tras una breve instrucción hizo recordar los mejores momentos
físicos durante el servicio militar, sin embargo el frío del metal caló
rápidamente los huesos, junto con el sonido de los neumáticos y el
viento hizo recordar que estábamos en Magallanes y no en un lejano país.

Al
llegar al primer punto y saludar a los centinelas su acento hizo notar
que eran del norte, “de La Unión y Osorno” con una sonrisa señalaban,
lejanos de sus tierras vivían a la distancia los acontecimientos de sus
casas, simplemente la providencia los había traído a Magallanes.

De
una u otra forma las calles se sentían distinta, imposible era pasar
por alto la destrucción de patrimonio y bienes públicos, pero la
evidencia de la violencia aún se mantenía a la vista, no desanimando a
estos hombres.

Al poco andar las conversaciones afloraron, comprendiendo el poco dormir de estos días y la tensión que han vivido.

Sin
embargo el orgullo de estar entregando tranquilidad los alegraba, a
pesar de los gritos y a veces agresiones que habían vivido ninguno
quería estar en otra parte, a pesar de extrañar el seno familiar,
deseando que esta locura termine.

Nuevamente
al camión, recorriendo y escuchando sobre barricadas y desórdenes en
otros sectores de la ciudad, sin darme cuenta el sol comenzaba a
iluminar nuevamente Magallanes, el viaje llegaba a su fin.

Difícil
fue la despedida aunque necesaria, una larga noche de trayecto por
diferentes sectores concluía, al igual el de escuchar pequeñas historias
de sacrificio y entrega. Comprender y vivir en parte el valioso
servicio que entregan miembros del Ejército, Armada, Fuerza Área junto
con Carabineros y la PDI a la comunidad en este particular contexto, fue
un privilegio.

Pues
los soldados que patrullan y vigilan la cuidad solo cumplen con un
deber que la inmensa mayoría agradece a su paso muchas veces con
sencillos saludos, un café o merienda, viendo en esos rostros a
sencillos pero grandes servidores que en diferentes lugares de las
calles de Magallanes se mantienen como silenciosos centinelas cumpliendo
con su deber y resguardando la paz y entregando tranquilidad.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS