Ya
pasó una semana y un par de días de la elección para consejeros
constitucionales, se siguen sacando conclusiones, algunos intentando
interpretar cosas que no dejan dudas de ninguna especie, otros
patudamente sin asumir su derrota hablando a nombre de la “inmensa
mayoría de los chilenos”, misma inmensa mayoría que les dio con la
puerta en la nariz dos veces seguidas, pero se niegan a entender que lo
que se debe hacer es la voluntad de la gente y no la voluntad de los
políticos; y, mientras no logren entender eso, les van a seguir dando
con la puerta en la nariz.
Es
claro que la gente como ya dijo en el plebiscito anterior a esta
elección, no quiere una Constitución con sesgos racistas indigenistas,
no quiere una Carta Fundamental que permita que se atente en contra de
su derecho de propiedad, tampoco que sea el Estado quien elija la
educación de sus hijos. Lo que la gente quiere y ojalá se lo metan bien
en la cabeza para que no se les olvide y no se pongan creativos con
invenciones y maquinaciones engañosas para la gente ni traten de aprobar
entre gallos y medianoche proyectos de ley contrario al sentir de la
gente, menos aún pretender gobernar por decreto, vale decir, usar esta
estrategia propia de los gobiernos totalitarios, para crear normas en
perjuicio de la gente evitando todo aquello que puedan, sin pasar por el
parlamento.
Lo
cierto es que el Gobierno está políticamente terminado, definitivamente
bastó un corto tiempo para desilusionar a la gente, todo su proyecto de
gobierno estaba basado en el mamarracho que fue rechazado en el
plebiscito, quisieron insistir, pero quedaron en minoría clara en el en
Consejo Constitucional, el cual es liderado por el Partido Republicano,
que obtuvo las
primeras mayorías en todo el país, incluso en once de las catorce
cárceles en que se permitió llevar a efecto el proceso electoral, de
modo que lo que queda es que el gobierno derechamente se sincere,
reconozca su derrota y simplemente administre su salida, el país
no le creyó a la izquierda radical, no quiere ni su proyecto de vida,
ni ninguna clase de normas que lleven a cambiar su forma de vida de
manera significativa, ya que la gente lo único que quiere es vivir
tranquila, trabajar, tener salud, mejorar su situación en la vejez y sin
lugar a dudas el mayor clamor es mejorar la seguridad, gran tema este
último que de manera sistemática el gobierno se ha negado a asumir en
serio, pero que resulta del todo fundamental para que la gente pueda
trabajar y vivir tranquila, para proyectar
su familia, para formar a sus descendientes, para dar un mejor vivir a
su familia, pero el gobierno se niega a algo fundamental que es dar más y
mayores facultades a las policías, apoyar el uso de todos los elementos
con que se cuenta para controlar el orden público, incluso el uso de
armamento letal, porque el poder bélico de las policías siempre debe ser
mayor que el de aquellas personas que deben ser controladas, porque de
lo contrario se produce un perverso empate que llama al desafío. También
en materia de seguridad, el gobierno de manera consuetudinaria se niega
a adoptar políticas migratorias claras, específicas, a establecer un
efectivo control de fronteras, un control de quienes son las personas
cuya entrada permitimos al territorio nacional, que beneficio aporta con
su llegada, que se le puede ofrecer para que viva en el país, cuanta
gente venida del extranjero es capaz de mantener nuestro país y ni siquiera hablo de beneficios gratuitos, que trabajos son los que están disponibles, mientras
eso no se solucione la seguridad no va a mejorar; y, tampoco va a
mejorar intentando el gobierno desarmar y poner problemas a los
legítimos propietarios de armas de fuego, a los propietarios inscritos,
porque esa no es la gente que delinque, por lo que solo son medidas
efectistas destinadas a molestar a personas particulares que no tienen
las armas para delinquir, por el contrario, las tienen para defenderse
de los delincuentes violentos, las tienen para deporte, para caza o para
colección, de modo que poniendo más problemas a los propietarios
inscritos de armas no van a bajar la tasa de ninguna clase de delitos,
lo que ya se ha demostrado con experiencias en el extranjero, como
sucedió en 1996, en Inglaterra y Gales en que una Ley de Armas
más restrictiva lo único que logró fue que aumentara la tasa de delitos
y con ello también la de homicidios, lo que es de toda lógica, porque
los que quedaron usando armas igual que antes fueron los delincuentes,
pero se le quitó a la gente respetuosa de la ley la capacidad de
legítima defensa.
El
gobierno debe reconocer que la gente vota en contra de sus propuestas
porque no tiene credibilidad, de modo que lo mejor que puede hacer es
administrar su salida de la manera más tranquila posible, sin continuar
perjudicando a la gente por el tiempo que le queda.