Y
al día siguiente nos dimos cuenta que Chile despertó, sí, despertó del
letargo que permitía que los sectores políticos tradicionales tanto de
derecha como de izquierda hicieran lo que se les antojara, sin
cortapisas y las personas comunes y corriente simplemente acatando las
imposiciones de intereses partidistas e incluso de los propios
parlamentarios; pero hubo un momento en que se quiso imponer al país una
Constitución que lo privaba de su esencia fundamental y Chile la
rechazó de manera abrumadora, pero los sectores políticos no quisieron
acatar el mensaje que les estaba enviando la ciudadanía, quisieron
seguir imponiéndose y subyugando a la gente, olvidando que todos quienes
ocupan cargos de elección popular son mandatarios de quienes los
eligieron, son mandados por quienes les dieron el voto en su momento,
por eso mismo se deben a la gente y no a los intereses personales, ni a
los intereses de los partidos políticos, en buenas cuentas la obligación
de todos quienes ocupan cargos de elección popular es ser
representantes de quienes los eligieron y no representar el interés de
los partidos o sus propios mezquinos intereses, pero como eso no lo han
querido entender, al punto que mediante una supuesta comisión de
expertos se ha pretendido imponer como base para una nueva Constitución
un modelo no democrático, sino partitocrático en que los que deberían
ser representantes de la gente, en especial los parlamentarios, dejan de
deberse a quienes los eligen, para servir, a los intereses de sus
partidos porque de lo contrario pierden el cargo; es decir, de nuevo no
entendieron nada, no escucharon el clamor de la gente y la gente
reaccionó y eligió como consejeros constitucionales a una mayoría de
consejeros, que si bien pertenecen a un determinado partido político,
que ocupó la primera mayoría nacional, eligiendo en primer lugar a sus
candidatos en el país entero, no corresponden al perfil del político
tradicional, no corresponden al perfil del político que le dio vuelta la
espalda la a la gente, sino que representan la esperanza de un cambio
real en la política chilena, que imprima un acento en una mirada hacia
dentro del país, hacia las verdaderas necesidades y aspiraciones de la
gente, que vuelva a transformar al país, en un país seguro en que sea
agradable vivir sin temor, que se vuelva a transformar al país en un
país respetuoso de los demás, en que no impere la descalificación y la
cancelación propios de la cultura política de quienes dominaron el
proceso constitucional del mamarracho anterior y que se rechazó, sino en
que impere el reconocimiento del otro que es esencial y propio de la
democracia, pero sin que eso signifique ser entreguistas al punto que se
llegue a una Constitución habilitante que lleve a que el parlamento por
vía de leyes contrarias a los intereses de la gente, a imponer un
régimen que fue el que se rechazó en el proceso anterior, por lo que se
deberá cuidadosamente estudiar lo propuesto por los supuestos expertos,
que claramente está con letra chica.
Los
consejeros electos son los encargados de corregir aquellas cosas que
habiendo sido redactadas en forma tendenciosa por los mal llamados
expertos, no representan el sentir de los votantes o derechamente no son
convenientes para la gente y sus verdaderas necesidades, debiendo estos
consejeros velar por la libertad de las personas, porque, no debemos
olvidar que el Estado no tiene ninguna clase de derechos, facultades, ni
libertades más allá de las que las personas le damos, porque quienes
son titulares de derechos, facultades, igualdades y libertades son las
personas, de manera que cada vez que se le dan al Estado cualquier clase
de derechos, significa que esos derechos los pierde la gente, cada vez
que se aumenta el poder del Estado, son las personas las que están
cediendo parte de su propia libertad.
En
consecuencia corresponde a los consejeros electos, como depositarios de
la confianza de la gente, dar mayores libertades a las personas,
postular un Estado pequeño, con pocas facultades, que respete la
libertad de las personas, sobre todo en materia de libertad de
emprender, libertad de culto, libertad de los padres para elegir la
educación de sus hijos, libertad de enseñanza, libertad de opinión,
libertad de asociación, libertad para adquirir todo tipo de bienes,
libre circulación de los bienes, libertad de pensamiento, libertad de
desplazamiento, libertad de información, por nombrar algunas de las
libertades que son propias de los seres humanos; deben también
garantizar en la Constitución la seguridad personal de la gente y
favorecer su legítima defensa permitiéndole contar con los elementos
suficientes y necesarios para poder defenderse y defender a su familia,
porque si el derecho a la vida es un derecho fundamental, también debe
serlo el derecho a adquirir y mantener los elementos para defender la
propia vida y la de nuestros familiares; y, sin duda fortalecer la
acción y las facultades de las Fuerzas de Orden y Seguridad Públicas.