El día anterior, al bajar del aeropuerto de Punta Arenas, los jóvenes integrantes de la Brigada Lenga 3 lucían exultantes, cansados, pero satisfechos por lo realizado, en medio de condiciones especialmente peligrosas. “Dos veces estuvimos rodeados por el fuego, pero andábamos acompañados de otros brigadistas de la zona, así que siempre supimos dÓnde había zonas ya quemadas donde refugiarse, así que siempre estuvimos tranquilos”, indicó.
Ayer, sin embargo, el cansancio y las emociones de la durísima experiencia vivida empezaba a cobrar su precio. Janina Gallardo, brigadista de Conaf, es una de estos jovenes, que permaneció 10 días luchando contra las llamas en la zona de Pumanque, al interior de la Región del Maule.
Según nos explicó el costo para los brigadistas magallánicos fue por partida doble: físico y sicológico. “Nosotros somos pingüinos, pues venimos de la zona austral y, por lo tanto, no estamos acostumbrados a operar con temperaturas tan altas y por tanto tiempo. Eso nos afectó mucho”.
El otro factor, agrega, fue aún más duro, el sicológico. “Lo más duro fue ver tantos animales muertos (ovejas, gansos, gallinas). Son animales que tú sabes que pertenecen a personas humildes, campesinos de escasos recursos y que estaban muertos por cientos por doquier”.
Y es que la lucha que dieron estos jóvenes magallánicos en aquella zona fue, especialmente dura, al igual que todo el resto de los miembros de Conaf que hoy siguen combatiendo en la zona central. “Oficialmente, debíamos trabajar 12 horas diarias. Pero muchas veces tuvimos que quedarnos tres o cuatro horas más, pues no podíamos irnos de un lugar si no teníamos asegurado que el fuego estaba controlado”.
Gracias a ello, la brigada puede enorgullecerse de haber salvado cuatro viviendas, las cuales a esta hora están totalmente a salvo, pues el fuego ya se extinguió en toda esa zona. “Hicimos contrafuego y resultó muy bien. Lanzamos fuego contra fuego y eso permitió salvar las viviendas”. También algunas se perdieron en su sector, pero ya habían sido evacuadas. “Siempre nos dijeron que lo más importante era mantenernos a salvo, porque lo material se recupera, pero la vida no”, expresó.
Otro aspecto que recuerda con emoción fue el cariño y el apoyo de la gente de la zona, a pesar de la gravedad de la situación. “Había una señora que todos los días pedía plata en la calle y después, nos convidaba desayuno, cada mañana”.
Gallardo termina su testimonio con una reflexión. “Lo que tenemos aquí con nuestra naturaleza y paisajes es maravilloso y tenemos que tomar conciencia de todo lo que hacemos, de ser cuidadosos con la naturaleza para preservar todo lo que tenemos”, concluyó.