Ojalá nunca hubiésemos pasado esto, no se lo damos a nadie, es un
dolor demasiado grande, destruyó una familia entera, me quitó una hermana y a
mis papás les quitó una hija. Solo pedimos que Dios nos de fortaleza como
familia para salir adelante y a mi hermana que descanse en paz”. Estas fueron
las palabras de Jacqueline Ugarte Hernández, hermana de la víctima de
femicidio, a la salida del veredicto.
De acuerdo al veredicto entregado por los magistrados Jaime Álvarez
Astete, José Octavio Flores y Claudio Neculmán Muñoz del tribunal Oral en lo
Penal tras el juicio realizado la semana pasada, donde se rindieron las pruebas
presentadas por la fiscal del caso, Wendoline Acuña, quien acusó al imputado
por los hechos que se originaron el 18 de junio de 2014, cuando alrededor de
las 20.30 horas aproximadamente, Cristian Rodrigo Chávez Sandoval llegó hasta
su domicilio de calle Patagona Nº 1968 en el sector de Río de la Mano de Punta
Arenas, que compartía con su conviviente, la víctima Andrea Paola Ugarte
Hernández, ingiriendo bebidas alcohólicas hasta la una de la madrugada del 19
de junio, instantes en que se inició una discusión entre ambos porque ella
quiso salir sola, cuestión que el imputado impidió, forcejeando y dándole
golpes en el rostro, a lo que ella reaccionó rasguñándolo y diciéndole que él
no valía nada, situación que lo enojó dirigiéndose hasta la cocina donde tomó
un cuchillo y volvió hasta donde estaba
la víctima, apuñalándola en el cuello mientras estaba en un sillón,
desangrándose y falleciendo en el lugar, para luego el imputado abandonar el inmueble.
La víctima resultó con una herida penetrante cervical de tres centímetros de
largo por arma blanca que le provocó una anemia aguda.
En el juicio realizado la semana pasada declaró
el propio acusado, que señaló que “salí cerca de las 20 horas de mi trabajo. Al
llegar a la casa lo primero que vi fue que ella estaba tomando alcohol. Eso me
molestaba porque tenía que cuidarla mucho porque tenía depresión. Ese día
tomamos y discutimos hasta que subió de tono hasta que ella quiso salir de la
casa, pero le dije que no salga porque apenas podía caminar. Ella se enojó y
empezamos un forcejeo y la tiré en la cama, le pegué una cachetada. Me dijo que
yo no valía la pena. Salimos de la pieza y en la cocina había muchos cuchillos
y ella tomó uno donde continuó el forcejeo y ahí le introduje el cuchillo.
Fueron cosas de segundos que me di cuenta que ya no había nada que hacer.