El
14 de abril de 2013 marcó para siempre a René Bahamonde y su familia.
Su hijo Max, quien en esa fecha tenía tan solo 21 años de edad fue
cobardemente asesinado en la vía pública por una pandilla de
delincuentes que le querían robar unas pertenecias (comida) que llevaba
para asistir a una reunión de jóvenes estudiantes en la Universidad de
Magallanes.
Específicamente,
Max recibió 20 estocadas en su cuerpo quedando moribundo en la calle
Arturo Merino Benítez, siendo atendido por el conductor de Pingüino
Radio, Jorge Gómez.
Actualmente,
existe una animita en su memoria en dicha calle y justamente hoy se
cumplen cinco años del asesinato de Max Bahamonde Agüero.
Su
padre, René Bahamonde, pese al dolor, habló con El Pingüino y contó,
desde el mismo lugar donde su hijo murió, cómo ha sido este difícil
transitar entre la pena y los recuerdos de su hijo.
“De
repente esto no tiene explicación. Son cinco años. Para nosotros esto
es como si hubiese sido ayer, porque a medida que más pasa el tiempo,
pareciese que a nosotros como familia nos hace sentir, incluso la no
presencia de él, mal. Nos hace mucha más falta cuando nos reunimos en
familia, a pesar de que han pasado cinco años, pero nosotros todavía los
vamos a seguir encontrando muy cercano”, relató.
– ¿Cómo era Max?
“Él
era un joven bastante alegre en el círculo familiar. Era muy querido
por toda la familia: desde la abuelita hacia abajo, muy querido. Y la
sensación como familia es que esto es un dolor que no se acaba nunca,
uno no le encuentra explicación. Sí hay momentos que tenemos que hacer
una reflexión bien profunda y seguir viviendo, porque la vida es esa. Se
nos fue un ser muy querido, que seguramente habría sido un aporte a la
sociedad de este país, pero lamentablemente tenemos que resignarnos a lo
que sucedió”.
– René, ¿tú sientes que sigues siendo una víctima?
“La
verdad es que sí, uno nunca deja de ser víctima. Pero bueno, nosotros
como familia siempre tocamos el tema, tratamos de resignarnos. Igual nos
preguntamos ‘¿por qué nos ocurrió esto?’ Sobre todo en un lugar donde
uno, no es por discriminar a algún sector de la ciudad, pero este hace
presagiar que existe seguridad, o sea, al frente está la Universidad de
Magallanes”.
– ¿Cómo fueron las cosas ese día?
“Ese
día había un tipo de reunión en la UMAG, y él, ese día, fue con dos
amigos para allá, incluso la universidad estaba cerrada por el lado de
Bulnes, producto de estos mismos individuos que querían entrar a la
fuerza, porque ya parece que los guardias conocían este tipo de
personas, y les dijeron ‘bueno, chicos, van a tener que bajar por Merino
Benítez porque abajo está abierta la universidad’. Y con tanta mala
suerte, atrás de ese kiosko, estaban los individuos. Mi hijo traía su
bebida, cositas para picar, y seguramente, por retener sus cosas, como
cualquier persona puede hacerlo, sufrió esto. Desde el kiosko a este
lugar (la animita), él cruzó a pie. Y aquí cayó.
Y aquí no se levantó más. De hecho, la primera persona que lo auxilió
fue Jorge Gómez, quien, al parecer, también vino esa noche a dejar a su
hija a la universidad. Él me llamó ese día, fue el primero que lo
auxilió. Hizo los llamados pertinentes por el caso y todo se dio
bastante rápido así que en virtud de eso Carabineros tuvo una acción
bastante rápida y eficaz. Fueron capaces de detener a los delincuentes
esa misma noche, casi minutos después de que estas personas cometieran
su acto vandálico”.
– ¿Qué significa estar aquí, en este lugar?
“A mí me causa emociones muy encontradas. Poco de tristeza…”
– Vemos que tiene ahora una piedra de favor concedido. ¿Qué estaría pasando?
“Me
llama mucho la atención la piedrecita que le dejaron grabada, donde
dice ‘gracias por el favor concedido, Punta Arenas, 2018’. Me gustaría
de verdad conocer a la persona que le dejó esto, porque algo le debió
pasar a esta persona”.
– ¿Cómo han llevado ustedes como familia esto? ¿Se supera? ¿No se supera? ¿Se conlleva?
“Se conlleva, porque de superarlo es muy difícil. En los momentos del año en que hay mayor encuentro de familias siempre
él nos hace falta. Nos hace mucha falta cuando hay cumpleaños de él, de
nosotros como padres, del resto de sus hermanos, de su abuelita. Esto
no se supera, se conlleva porque es algo doloroso que no se acaba con el
tiempo, sino que queda la esperanza de que algún día, en algún lado,
nos podamos reencontrar”.