COLUMNA | Gracias bicampeones

Imposible
no referirse al tema futbolero, después de lo sucedido esta semana en
Brasil. No se trata de emular a los periodistas, comentaristas u
opinantes deportivos, algunos muy buenos en sus análisis y otros…
la
verdad, de miedo. Me entretiene escucharlos en distintos medios
informativos, en distintas situaciones y comprobar cómo algunos de ellos
pasan desde la elevación a los cielos, al barrido del suelo en escaso
lapso de tiempo, desde antes de algún partido a su comentario posterior,
o incluso, dentro de un mismo partido.

Es parte del folklore,
es entretenido, no es para nada criticable, aunque a veces da ganas de
preguntarles qué partido vieron. No sólo en el deporte, también en
varias situaciones, donde existen los comentaristas de lo obvio, que se
limitan a repetir lo que todos vimos y escuchamos, con unos aires de
seriedad y de profundos conocimientos que impresionan, para finalmente
concluir que para repetir lo sucedido, no se necesita ser un gran
filósofo, sólo estar atento a los acontecimientos y repetirlos con mucha
seriedad, rostro circunspecto y actitud de profundos conocedores, lo
que también se da mucho en los programas relacionados con la política.

Pero, volviendo al deporte, específicamente al fútbol y a la sabida
eliminación del mundial de Rusia en esta última fecha, porque no me diga
Ud. que no esperaba que sucediera un verdadero milagro para ganar o
empatar con Brasil, allá en su propio país. Creo que todos esperábamos
ese milagro…
Y
como la esperanza, dicen, es lo último que se pierde… ahí estábamos los
chilenos, apoyando, enviando buenas vibras, muchas y muchos con
camisetas y zapatillas rojas, las cábalas, como aquella de que “no miro
los partidos en casa, porque cuando lo hago… Chile pierde”… buena
excusa, pero no resulta cuando se enfrenta a un rival superior.

Y eso es
exactamente lo que pasó, un rival superior, muy superior, que develó lo
que muchos, quizás por cariño, no querían ver… o no queríamos ver: que
estábamos a punto de ver el final, el término de una era, la muerte
natural de una generación deportiva que no olvidaremos nunca, que nos
entregó satisfacciones como no lo hizo otra, quizás haciendo un
paréntesis con los muchachos, en aquel entonces, del mundial del 62,
pero de tan corta duración… duró lo que duró el mundial y de ahí a
estos, los actuales, los que se están despidiendo y que a pesar de la
triste despedida, los tendremos en la memoria por siempre, así como la
tenemos con los del 62, quienes tuvimos la alegría de ese tercer lugar
en el mundo, siendo unos muchachitos, escuchando los partidos en la
voluminosa radio familiar y por onda corta.

Si algún joven lee esta
columna, seguro que se preguntará ¿Qué es la onda corta? Ya lo
conversaremos en otra oportunidad, como con aquel niño, no tan niño que
al ver un cassette de música, me preguntó ¿Y esto… qué cosa es? Gracias
generación dorada, gracias José Sulantay, colega Consejero Regional de
Coquimbo, por haber seleccionado, instruido y mentalizado cuando eran
sólo unos niños; gracias Eduardo Bonvallet, por tus comentarios, por tus
arengas, que eran escuchadas por estos mismos deportistas desde su más
tierna infancia…
A ti te escucharon decir que lo podíamos ganar todo; permítanme desp
edirlos
y agradecerles en nombre de uno, del que para mí es el ejemplo del
esfuerzo, de la valentía, de lo que queremos ver en nuestros
deportistas, así no tengan todas cualidades que natura entrega: Gary
Medel, lejos el ejemplo a seguir, por superación, entrega y llanto en la
derrota. Algunos seguirán un tiempo más, confirmando la regla que en
todo grupo
… la experiencia pesa y es muy necesaria.

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