Coronavirus: la semana en que Punta Arenas volvió al peligro

Nada ilustra mejor, quizás,
el retroceso sufrido por la comunidad en la lucha contra el
Coronavirus que la imagen de los juegos recreativos de la Avenida
Costanera del Estrecho en Punta Arenas, vacíos y sin vida, luego que
días antes se decretara, nuevamente una cuarentena, esta vez parcial,
debido al avance de la pandemia. En los últimos días, se ha producido un
aumento sostenido de contagios ya no sólo en Punta Arenas, sino también
en Porvenir, Puerto Natales y Primavera que dan cuenta de un nuevo
aumento de casos, precisamente en momentos que la capital magallánica,
una de las primeras y más golpeadas ciudades de Chile, pensaba que lo
peor había pasado.

Lamentablemente,
las cifras de la enfermedad no paran de aumentar, mientras en las
calles de Punta Arenas, cientos de personas se arriesgan a agolparse en
extensas y peligrosas filas para adquirir alimento, bienes de consumo o,
simplemente, pagar y/o repactar sus deudas con el pago del 10 por
ciento o el bono clase media. Lamentablemente, todo lo avanzado en los
últimos meses en la lucha contra esta enfermedad, está ahora en serio
riesgo.

LOGRO DESECHADO

Fue
a fines de abril, en medio de los peores momentos de la pandemia de
Coronavirus en Magallanes, cuando un avión de Latam, perteneciente a su
programa Avión Solidario, llegó a un Punta Arenas en plena cuarentena.
Traía dos ventiladores mecánicos entregados por el ministro de Salud,
Jaime Mañalich, insumos médicos y una gran cuota de esperanza.

En
los días anteriores numerosos pacientes habían tenido que ser
aeroevacuados al resto del país, ante la imposibilidad de atenderlos en
una región cuya tasa de contagios quintuplicaba la media nacional y
lejos la más alta de Chile.

Francisca
Arias, jefa Sostenibilidad de Latam, recordaría más tarde. “Ese vuelo
fue un hito muy especial, pues fueron los primeros envíos de
ventiladores que realizamos. Seguimos todos los procedimientos como es
habitual, pero el p
ersonal
estaba muy emocionado y estuvieron aún más atentos a cada proceso ya
que estábamos conscientes de que los ventiladores son una esperanza de
vida para las personas contagiadas, aún más relevantes para las
comunidades en zonas extremas”, indicó.

Las
aeroevacuaciones cesaron y la marea empezó a cambiar, gracias a un
impresionante trabajo y espíritu de sacrificio del personal de salud
destacado por el propio ministro Mañalich quien dijo que venía a
aprender a Punta Arenas.

Luis
Muñoz, dirigente paramédico, comentó: “Tuve que separarme de mi hijo y
dejar de verlo por un tema de seguridad. Es duro y se extraña, pero ésa
es la realidad no más. Y lo otro, el ver a un colega conectado a un
ventilador mecánico representa el temor que todos llevamos dentro de
que, el día de mañana, puedas ser tú”.

Gran
parte de la población acató las medidas de prevención y pronto hubo
avances. El 7 de mayo, la cuarentena fue levantada en la ciudad y el 28
de mayo, otro avión de Latam partía ahora desde Punta Arenas a Santiago
llevando consigo ¡seis! ventiladores mecánicos retirados del Hospital
Clínico de Magallanes. Para entonces, sólo había 107 casos activos en
Magallanes y, en cambio, la pandemia hacía estragos ahora en la Región
Metropolitana.

Parecía
que lo peor había pasado, pero el 10 de junio, las autoridades
informaron el cierre de una planta pesquera en Punta Arenas, debido a un
repentino brote: dos personas
habían sido contagiadas y otras 42 estaban en cuarentena.

Al
día siguiente, el número de contagiados en la planta pesquera ascendía a
once y tres días después, el Gobierno se rendía a la evidencia y
confirmaba el rebrote de la enfermedad. Para entonces, 64 casos estaban
confirmados y se anunciaba acciones legales contra los responsables.

Desgraciadamente, una parte de la población empezaba a sentirse cada vez más sorda a esta alerta.

El
domingo 21 de junio, decenas de personas se dirigieron al nevado cerro
donde se ubica el Club Andino, para disfrutar del Día del Padre, sin
prestar atención a la distancia social, lo que generó duras críticas en
redes sociales.

Desde
su puesto en el Hospital Clínico de Magallanes, el dirigente paramédico
Luis Muñoz, ya lo había advertido. “Veo mucha indolencia de la
ciudadanía y no sólo en Punta Arenas, sino también a nivel nacional, en
el hecho de no acatar las normas mínimas que tanto se han insistido. Si
seguimos así, muy pronto vamos a tener las salas de pacientes críticos
saturadas al máximo y, entonces, ya no vamos a poder derivar a nadie a
Santiago, porque allí van a estar igual. Todavía no ha llegado el
invierno y esto está recién comenzando”, vaticinó.

Y
tenía razón. Ese fin de semana, en pleno toque de queda, Diego
Hernández Acuña de 19 años, quien manejaba ebrio y sin licencia de
conducir, intentó evadir un control policial, chocó un furgón de la
Armada y terminó impactando contra un poste. En la misma noche, los
militares Daniel Abarzúa y Carlos Álvarez, fueron formalizados por
manejar ebrios y sin licencia, también en toque de queda.

Pero la irresponsabilidad no se limitaba solo a la población.

Aquel
día, el Colegio Médico denunciaba, a través de una carta pública, que
un profesional de la salud, de modo insólito, había convocado y
participado en una masiva marcha ese fin de semana.


Sorprendentemente, aunque la carta fue respaldada por 90 personas, la
seremi de Salud, Mariela Rojas, no hizo declaraciones al respecto y,
finalmente, tampoco tomaría medidas en contra del profesional que se
puso a sí mismo y a los demás, en peligro de contagio.

Para
entonces, el número de personas fallecidas llegaba ya a 48, según el
balance del Ministerio de Salud que incluía a confirmados y sospechosos
por igual.

Los
brotes de Covid 19 empezaba a extenderse por la región. Para entonces,
230 personas estaban en cuarentena en diferentes puntos de la región:
una planta pesquera y una empresa constructora en Punta Arenas. Otro
caso en la propia cárcel de esta ciudad y otras nueve personas también
estaban en cuarentena, en el hospital Cristina Calderón de Puerto
Williams.

Aunque
Magallanes cerraría el mes de junio con un total de 56 personas
fallecidas, de acuerdo al informe DEIS del Ministerio de Salud, el cual
reúne casos confirmados y sospechosos, la región se ubicaría como la
tercera con menos casos activos de todo el país.

JULIO FATAL

A
comienzos de julio, la región pareció seguir avanzando en el control de
la pandemia, al registrar la cuarta menor tasas de incidencia a nivel
nacional.

Desgraciadamente,
aquel logro traería consigo graves consecuencias, en especial, para los
equipos de salud que tanto habían luchado. En un gesto ampliamente
criticado, la dirección del Hospital Clínico de Magallanes le pidió la
renuncia a la subdirectora de Enfermería del establecimiento, Karen
Antiquera, a pesar de haber sido recién evaluada con excelentes
calificaciones por su rol durante la pandemia.

La
medida provocó tal indignación entre el personal que sus colegas, así
como otros funcionarios del hospital, decidieron salir a protestar a la
Costanera de Punta Arenas, mientras el Colegio de Enfermeras se cuadraba
con firmeza en respaldo de su compañera. “No es el momento de realizar
cambios tan relevantes en un cargo tan importante dentro de la
institución, en medio de una pandemia”, expresó la presidenta regional
del Colegio de Enfermeras, Marisol Cárdenas.

Los
dardos de las enfermeras apuntaron directamente al Servicio de Salud
Magallanes a quien acusaron de estar detrás de esta medida.

El
hecho amenazó por momentos con ocasionar un quiebre entre el personal
del hospital, pues otra parte de los funcionarios decidió respaldar la
medida.

Antiquera
fue despedida, pero luego fue recibida “mientras se realiza el concurso
que decidirá a su reemplazante”, algo que todavía no se concreta. La
profesional anticipó que, en caso de realizarse el concu
rso, ella postularía también.

No
eran las mejores señales para transmitir a una ciudadanía cansada por
meses de pandemia y que pronto empezaría a ver una nueva explosión de
filas, debido a la aprobación del 10 por ciento.

A
fines de julio todavía se pensaba en avanzar en el desconfinamiento y
el parque María Behety y el Cementerio Sara Braun abrieron sus puertas.

Para
entonces, sin embargo, las plantas pesqueras habían sufrido cuatro
brotes de Covid 19 y la situación empezaba a desbordarse. Hacia fines de
mes, ya eran más de 100 los contagiados en las plantas pesqueras,
mientras las aut
oridades
explicaban que muchos de ellos se debían a incumplimientos sanitarios y
otros a reuniones sociales. De hecho, el 2 de agosto, once personas
fueron detenidas en una fiesta clandestina.

A
comienzos de agosto, las esperanzas de avanzar en el desconfinamiento
se empezaron a alejar, como lo reconoció el infectólogo doctor Rodrigo
Muñoz: “No hay ninguna posibilidad de volver a clases y de volver a
hacerlo, sería una grave irresponsabilidad”, sentenció.

En
las calles del centro de Punta Arenas, las filas por el 10 por ciento
se sumaban a las de quienes esperaban información sobre el bono de clase
media, luego del colapso de la página del Servicio de Impuestos
Internos que afectó, sobre todo, a los trabajadores de las regiones
extremas como Magallanes.

El
5 de agosto, finalmente, el Ministerio de Salud (Minsal) anunciaba lo
que se temía desde hacía días: Punta Arenas retrocedía y se implantaba
una cuarentena parcial los fines de semana, luego que en la última
semana, el número de casos contagiados de Covid 19 subiera en un 200 por
ciento.

En
su explicación, el ministro de Salud, Enrique Paris concluyó: “Ésta es
una responsabilidad compartida. Aquí las autoridades y esta autoridad
también tienen responsabilidades”.

De algún modo, todos colaboramos con este retroceso. Ahora queda volver a empezar aprovechando lo aprendido.

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