“Cuando llegué a Magallanes, pensé que me habían botado, pero ahora me voy llorando”

El
sacerdote Juan Carlos Fuentes Arenas dejó Magallanes. Quien fuera
oficial del Servicio Religioso de la Fuerza Aérea de Chile durante
muchos años, rostro familiar en las ceremonias institucionales, en las
actividades de la Capellanía Castrense y, obviamente, en las misas y
actividades sociales de la capilla dedicada a Nuestra Señora de Loreto,
fue trasladado de la región a la que había llegado hace 23 años.

Más
de una vez se le consultó acerca de la posibilidad de un eventual
traslado y al desempeño de sus funciones en otro punto de Chile, como
Santiago y su respuesta era la misma siempre y explicaba que era
sacerdote, que se había incorporado al Servicio Religioso de la Fuerza
Aérea de Chile, de hecho estuvo destacado en la Cuarta Brigada Aérea y
que uno de los oficiales de ese servicio y que, por lo tanto, debía
obedecer lo dispuesto por el mando de la institución a la cual
pertenecía y a la cual tiene mucho cariño.

¿Qué sintió cuando, hace casi dos décadas o más, tal vez, fue destinado a Punta Arenas?

“Sentí
que me habían botado. No quería nada con Punta Arenas. El clima malo,
la distancia. Llegué en invierno y el frío me hizo sufrir un poco. Al
principio no encontré a nadie, pero, de a poco, conocí a familias
magallánicas que compartieron conmigo y así fui ganando espacios y
amigos”.

¿Cómo encontró la capilla consagrada a Nuestra Señora de Loreto, aquí en Punta Arenas?

“La
capilla estaba sin nada, estaba peladita, pero con el apoyo de muchas
familias ha llegado a ser lo que es hoy ” y en ella se han realizado mil
seiscientos bautizos, sin contar ni matrimonios ni funerales, afirman
las frías estadísticas.

¿Y al partir, qué siente?

“Me
faltó tiempo para ir a todas las despedidas a las que fui invitado por
mis amigos, por las familias que me invitaron a tomar onces. Me faltó
tiempo para cumplir con todas las invitaciones”.

¿Y qué ocurrió, entonces?

“Tuvimos
un encuentro de despedida con los agentes pastorales y en ella me las
lloré todas. Dijimos que se realizaría una misa, sin medios de prensa,
nosotros, no más y cuando esa misa se ofició, vimos que la Capilla de
Nuestra Señora de Loreto estaba llena, estaba repleta de fieles” y se
comenta que esa misa de despedida, celebrada hace unos días, fue tan
emotiva que, efectivamente, el padre Fuentes se las lloró todas.

¿Aparte de las tareas propias de su condición de capellán de la FACh, usted trabajó con los migrantes que han llegado a Punta Arenas en los últimos años?

“Sí,
trabajé con ellos y los venezolanos fueron incorporados a la iglesia ya
que ellos venían de un país en crisis. Ellos son hermanos nuestros, son
latinos, son migrantes, como lo fueron Jesús, María y José (huyendo de
las felonías de Herodes). Se pensó y se sabe que los chilenos también
son “patiperros”, dónde uno vaya encontrará a un chileno. Se pensó en
los exiliados, que se encontraron ante realidades distintas a las de
nuestro país”.

¿Cómo evalúa esta incorporación de migrantes a la iglesia?

“Los
migrantes, primero, luchan por sobrevivir; llevar vida de familia y
llama la atención la devoción religiosa que ellos tienen y en ello
superan a los fieles nuestros, porque los chilenos son más fríos en su
expresión. No podemos cerrarles las puertas. Ellos se expresan con
fervor y es una dicha que nos contagian”.

La
vida de este sacerdote tiene hitos que, hace ya un par de décadas, lo
lanzaron al primer plano de los titulares de medios de comunicación de
diversos puntos del país, ya que los exorcismos que practicó, salieron a
la luz pública, pero el sacerdote Fuentes siempre mantuvo un muy bajo
perfil.

Se
fue llorando, porque no quería partir ni alejarse de Punta Arenas, de
Magallanes y de su gente. Estará en Santiago, en la Capellanía General
de la Fuerza Aérea de Chile, un cura como pocos; un oficial de la
institución “azul clarita”, pero, junto con ello, un amigo de
Magallanes, de las familias que residen en estas tierras australes y que
lleva en el corazón la marca del cariño, de la calidez, pese al clima
frío, y el respeto de todas las familias y de la comunidad con las que
compartió por largos años.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS