La adaptación de los profesores magallánicos a las clases virtuales desde su hogar

Andrea
Vega (35) lleva dos años y medio haciendo clases de Inglés en el
Colegio Cruz del Sur, y este año solo tuvo dos semanas para conocer a
los alumnos de sexto básico, de quienes sería su profesora jefe.

Un
cambio que en su experiencia fue muy caótica los primeros dos meses.
“Muchos al principio no sabían como usar el programa y fue muy
complicado pasar esa etapa. Además, nos dimos cuenta que muchos alumnos
de tercero básico no sabían usar herramientas básicas. Si bien tienes
redes sociales, tuvimos que enseñarles como utilizar Word y como crearse
un correo electrónico”, explica Vega.

Sin
embargo, con los alumnos de tercero y cuarto medio ha sabido aprovechar
la tecnología. “Con ellos hemos creado podcasts, hago que creen
tutoriales y varios proyectos entretenidos para que puedan motivarse y
aprender. La idea que es que también aprovechen esta etapa porque aquí
en el colegio no hay clases de informática y ahora han aprendido a usar
programas que si no fuera por esto, nunca lo hubieran hecho”, señala.
Además, le ha tocado vivir algunas bromas por parte de sus alumnos. “Una
vez algunos quisieron entrar como ‘terrorista arábico’ y así estuvieron
un rato hasta que se aburrieron”, comenta entre risas.

Por
su parte, Guillermo Peralta (31), también enseñanza Inglés pero en la
Escuela Hernando de Magallanes. Él solo alcanzó a hacer cuatro clases
este año y admite que la distancia física le ha dificultado su trabajo.

“El
distanciamiento ha provocado algunos problemas de comunicación con los
apoderados y muchos niños no tienen tan buena conexión a internet”,
dice. Sin embargo, ha sabido dar vuelta esta mano. “Muchos institutos de
Inglés tienen clases que se hacen de forma virtual, entonces yo copié
estos formatos para hacer las clases más dinámicas, con material
audiovisual para hacer más entretenidas las clases”, añade.

Mientras
que para los alumnos del Colegio Miguel de Cervantes la situación es
similar. La profesora de Biología, Mariana Espinosa (2
9),
ha notado que esta situación ha afectado el estado anímico de sus
estudiantes. “Este cambio brusco de su rutina se ha notado en su estado
anímico y uno ya no sabe si ellos están comprendiendo bien la materia o
no. Además que muchos no tienen tan buen internet en sus casas o tienen
que c
ompartir computadoras con sus familias”, asegura.

Por
eso ha optado que “ellos sean los protagonistas de la clase. En mi caso
he privilegiado las exposiciones de los alumnos, para que así sea más
fácil ver si entendieron o no”.

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