La agricultura magallánica en jaque por la persistente sequía

La falta de lluvia mantiene en jaque a la agricultura magallánica, en especial, la horticultura y la ganadería, ciclo generado por los problemas climáticos que afectan a la región, al país y al planeta debido a una serie de factores, entre los cuales se anota el comportamiento de las corrientes marinas de “El Niño” y “La Niña”.
Así lo señaló a nuestro diario, con evidente inquietud, el ingeniero agrónomo Petar Bradasic, encargado de Riego y jefe de Fomento del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap),  servicio del agro del cual es, por estos días, director regional subrogante, en reemplazo de Víctor Vargas, titular en el cargo.
Bradasic indicó que el déficit de lluvias alcanza al 50 por ciento de lo que precipita en un año normal y esta situación ha creado graves dificultades en la actividad productiva del agro magallánico.
El ingeniero agregó que este período de sequía podría prolongarse hasta el año 2020, por efecto de los cambios climáticos asociados a la corriente de “El Niño” y “La Niña” y que después del término de este ciclo se espera otro, pero lluvioso.
Para enfrentar esta situación, altamente grave y complicada, el Gobierno Regional destinará un aporte especial de $ 1.000 millones, los cuales serían destinados a la construcción de pozos profundos, de entre 40 y 80 metros, con el fin de captar agua desde las napas subterráneas de la región, pero cuyo costo bordea los $ 13,5 millones cada uno.
A ese costo debe sumarse la instalación de bombas y bebederos para el ganado ovino y bovino y las medidas necesarias para mantener a raya a la gran cantidad de guanacos que, incluso, saltan cercos protectores de esas instalaciones, como en algunos sectores de la comuna de San Gregorio, para acceder al vital líquido destinado a las ovejas, los vacunos y otros animales propios de la actividad ganadera regional.
Bradasic agregó que también se ha pensado en la construcción de pequeños tranques, aprovechando lo que pudieran aportar algunos cursos de agua de la región, y hasta ha circulado la posibilidad de construir uno o dos embalses, pero, dado el monto de la inversión que pudieran implicar, serían palabras mayores su eventual construcción.
Más apoyo
A través del Indap -informó el ingeniero agrónomo Petar Bradasic- se ha prestado apoyo a todos los sectores, especialmente a los pequeños parceleros, cuyos recursos son limitados para enfrentar la falta de agua.
“Hemos apoyado a esas familias de horticultores que carecen de agua para sus invernaderos, con la técnica de “cosechar agua”, es decir, instalando canaletas que permiten recoger el agua de la poca lluvia que cae. Está comprobado que un techo de 70 metros cuadrados aporta el líquido necesario para las necesidades de un invernadero de 60 metros cuadrados”, informó Bradasic.
Además, están instalados estanques, con una capacidad de hasta 100 mil litros; también otros de fabricación regional y se traerán “guateros carpulín”, desde Santiago, para enfrentar la falta de agua.
Bradasic lamentó que las lluvias se concentren, por ejemplo, en el área de Punta Arenas, en San Juan, donde precipita entre 900 y 1.000 milímetros, mucho más que los 300 milímetros que caen en las estepas cercanas a San Gregorio y si se logra captar agua, hay pozos que dan dos o tres litros por segundo, apenas para regar cuatro hectáreas, lo cual genera problemas para que los animales dispongan del recurso.
“En Puerto Natales debimos utilizar maquinaria pesada para hacer una excavación, juntar agua en ella y rescatar al ganado que no tenía para beber y evitar que volvieran a quedar empantanados en el barro que se formó al disminuir el nivel del agua”, recordó Bradasic.
Tranques
Un paliativo de la grave situación provocada por la falta de lluvias y la disminución del agua disponible, el ingeniero Bradasic señaló que, por ejemplo, en las inmediaciones de Porvenir, en la Tierra del Fuego, la cincuenta de parceleros y sus familias, quedaron sin agua y dependen de lo que el municipio les envíe en camiones aljibe arrendados o de la que puedan comprar a esos proveedores particulares, a un costo considerado como oneroso.
También se ha planteado la posibilidad de construir pequeños tranques, aprovechando algunos cursos de agua que mantienen su caudal, utilizando plástico grueso para reunirla, empozarla y, posteriormente, distribuirla haciendo el mejor uso posible del vital elemento.
En Punta Arenas, la situación de las ochenta familias de parceleros, cuyos predios están repartidos entre Leñadura y las inmediaciones del aeropuerto, no es mejor, afirmó Bradasic, pero, con el apoyo del Indap y los esfuerzos de los afectados, se enfrentará la situación y se buscará superarla, ya que “sin agua no hay agricultura”.
Además, reiteró que sin agua no hay pastos, si no hay pastos, por ejemplo, las ovejas enflaquecen, bajan los índices de parición, los corderos nacen más pequeños, hay un nivel mayor de mortalidad animal y, en definitiva, se produce menos y a un mayor precio final y es por eso que “luchamos contra la sequía”, afirmó, finalmente, el ingeniero agrónomo Petar Bradasic.

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