Magallanes es una de las regiones con más lugares de avistamientos de ballenas

La Región de Magallanes y Antártica Chilena es una zona privilegiada y por muchas razones.
En primer lugar porque tiene entre sus mayores atractivos al Parque Nacional Torres del Paine, “la Octava Maravilla del Mundo” y reserva mundial de la biósfera.
También tiene el Estrecho de Magallanes, el Cabo de Hornos, el Cabo Froward, extremo austral del continente americano que a alguien, acertadamente le permitió forjar la denominación para Magallanes como el punto donde “nacen las Américas”;  lagos con aguas color turquesa, fiordos con glaciares virginales, bosques apenas pisados por el pie humano; una historia más que singular y descendientes de pioneros cuya sangre se mezcló con los de inmigrantes venidos desde el norte de Chile y de, poco menos, desde todos los puntos del planeta.
Todo ello ha incidido en que el turismo se haya ido desarrollando como una actividad que cada año atrae a miles de visitantes chilenos y extranjeros.
Hasta allí, todo cabe dentro de los parámetros normales de esta actividad llamada y no sin razón, como “una industria sin chimeneas”.
Pero eso no es todo para Magallanes y Antártica Chilena.
Vienen las ballenas
Hasta hace poco, avistar una ballena era más que llamativo.
Los viajeros se conformaban con ver las “gracias” de las toninas en las aguas del Estrecho de Magallanes, tanto en la Primera Angostura como en las inmediaciones de la bahía porvenireña, cuando acompañaban a los transbordadores en sus cruces habituales.
Sin embargo, el espíritu pionero y el deseo de innovar dentro de la actividad turística, ha llevado a empresarios regionales a ofrecer una alternativa nueva.
Es que el avistamiento de ballenas se ha ido extendiendo por el mundo y ocurre que nuestra región figura por partida doble en un listado de siete puntos del país donde es posible observar esos cetáceos.
Que las otras regiones se publiciten por sus propios medios, porque nosotros describiremos esos dos lugares, que en la práctica son tres.
Una isla como pocas
La isla Carlos III se ubica al norte del cabo Froward, dentro del parque nacional “Francisco Coloane”, área protegida desde el año 2003, y se ha transformado, con su abrigada bahía y la gran cantidad de krill y otros alimentos, como los camarones y las sardinas, en un muy singular refugio de las ballenas jorobadas, las  que se muestran juguetonas para que los turistas que llegan hasta allá, desde Punta Arenas, las disfruten como el espectáculo único que son.
Las ballenas jorobadas adornan la bahía con su singular presencia y su población habitual se estima en unos 400 ejemplares que, desde mayo hasta la primavera, se dirigen hasta las aguas colombianas y costarricenses para reproducirse y retornar, después, a miles de kilómetros de distancia.
También pueden avistarse los ejemplares de la “Ballena Sei”, cuya presencia se advierte porque lanza frecuentes chorros de agua, más frecuentes que otras de sus congéneres, afirmó Juan José Salas, de una empresa  turística regional.
El otro punto de avistamiento de los cetáceos es el Estrecho de Magallanes, prácticamente en toda su extensión y eso quedó en evidencia hace pocos días, cuando un grupo de visitantes venidos desde Santiago (la familia Aracena Silva); un empresario gastronómico local y otro grupo de personas, avistaron, al menos, una enorme ballena cuando se dirigían hacia Agua Fresca y estaban en las inmediaciones del río Guayrabo.
También es posible, afirma Anelio Aguayo, un académico del Inach considerado una eminencia en los estudios e identificación de la avifauna antártica y subantártica, que se ven ballenas jorobadas en el paso bioceánico y en la Boca Oriental del Estrecho de Magallanes se aprecian ejemplares de ballenas francas, las que pertenecen a la misma población que se reproduce en las aguas de la península de Valdés, en aguas atlánticas argentinas.
Pionero innovador
Llevado de su espíritu pionero y su capacidad innovadora, el empresario turístico regional Alejandro Solo de Zaldívar empezó a ofrecer esta temporada los servicios de la lancha “Carlos III”, con capacidad para transportar más de 50 pasajeros, los cuales son atendidos por tripulantes expertos no sólo en la navegación por el Estrecho de Magallanes, sino que, también, debidamente capacitados atender a los visitantes que desarrollan un “full day” a las ballenas, el cual se inicia al filo del amanecer y culmina al caer la tarde en Punta Arenas.
En su oportunidad, Solo de Zaldívar declaró que sería más favorable para el desarrollo de esta actividad, totalmente amigable con el medio ambiente y, obviamente, con las ballenas de la isla Carlos III, que los viajeros pudieran embarcarse más al sur de Punta Arenas, por ejemplo cerca del faro San Isidro o en la inmediaciones del cabo Froward.
Para ello, eso sí, debiera seguir avanzando el camino se estaba construyendo en esa dirección y cuyo futuro, debido a las presiones de grupos ambientalistas que resguardan el hábitat del canquén colorado, se ve incierto: pero que hace falta, hace falta.
Se espera que las obras prosigan y se abra un potencial turístico de enormes posibilidades para Punta Arenas y para la región.
Mientras tanto, las ballenas jorobadas, la sein, la francas y las toninas, seguirán desplazándose hacia la isla Carlos Tercero, en el parque “Francisco Coloane”, partiendo en mayo para regresar la primavera que viene …
Y ante este cuadro promisorio, pero con esos nubarrones en el horizonte, la región de Magallanes y Antártica Chilena seguirá siendo privilegiada  aunque se afirme, se publicite y se exagere, por ejemplo, con los avistamientos de las ballenas azules.

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