Parque Nacional Bernardo O’Higgins ofrece futuro esplendor para el lejano Puerto Edén

La belleza de la zona de los canales cercanos a Puerto Edén y la majestuosidad del Glaciar Pío XI se suma a la atractiva historia que rodea el enclave chileno más cercano al Campo de Hielo Sur.
Es que esa zona, limítrofe de las regiones de Aysén y Magallanes, incluye el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, un área silvestre protegida de características muy especiales, casi salvaje y muy poco explorada porque no es fácil llegar hasta allá.
El primer obstáculo es la distancia que la separa de Puerto Natales, unos 500 kilómetros, es decir, poco más de 260 millas náuticas.
El segundo obstáculo es el factor climático, con abundantes e intensas lluvias; frío, casi todo el año; vientos y aguas marinas traicioneras, vencidas sólo por la pericia de los canoeros kawésqar y los pescadores natalinos a lo largo de muchos años.
La tercera dificultad radica en que no existe, en el parque mismo, infraestructura para los visitantes y la que se puede lograr en Puerto Edén es escasa y está relativamente lejana de los puntos más atractivos de lo que muchos sueñan llegue a ser, en el más breve plazo posible, un atractivo turístico que permita aliviar la demanda de turistas en el ya recargado de visitantes Parque Nacional Torres del Paine.
Primeros pasos
El Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), a través de la dirección regional, ha dado ya los primeros pasos para concretar esa alternativa de “la industria sin chimeneas”.
En primera instancia, se destinó poco más de 50 millones de pesos para el diseño de las oficinas de administración del parque; un centro de visitantes, con una superficie de 300 metros cuadrados; un sendero eco – turístico de unos veinte mil metros de longitud que permitirá caminar, unir y admirar el Estero Reindeer con Bahía Elizabeth.
“La guinda de esta torta turística” serán los miradores, que permitirán apreciar la belleza del Glaciar Pío XI, majestuosa masa de hielo, encajonado por montañas de granito, cuya altura supera los 75 metros, es decir, casi similar a la de un edificio de más de treinta pisos, y que por sí sólo es un atractivo enorme.
Posteriormente, de acuerdo con los planes de Sernatur, se establecerán zonas para dos campamentos; tres embarcaderos; sitios de observación del paisaje, de la flora, la fauna y las huellas de los kawésqar; la debida señalética, informativa y educativa, puesto que se trata de resguardar un área de características muy especiales, únicas, afirman científicos que han logrado llegar hasta allí, tanto en lo referido a aspectos bióticos como geográficos y patrimoniales, dadas las abundantes evidencias de sus pasos que dejaron los kawésqar, la etnia originaria de esa zona.
Para la ejecución de esas obras, el Sernatur dispuso de cien millones de pesos y los trabajos debieran iniciarse en el curso del próximo mes de enero y se pretende destinar otra millonaria cantidad de recursos para habilitar el poco conocido y no tan nuevo atractivo turístico de Magallanes, compartido con Aysén.
Los visitantes que lleguen hasta allí encontrarán bosques milenarios, tal vez jamás hollados por pies humanos; masa de hielo que se funden con las aguas del mar; una que otra manada de huemules y bandadas de cóndores.
Pero deberán ir premunidos de teléfonos satelitales o de radios de alta frecuencia, porque las comunicaciones son más que difíciles si no imposibles, por otros medios y, haciendo realidad aquello de que “Juan Segura murió de viejo”, los visitantes de esa zona de los canales deberán tomar un seguro que garantice su vida y su eventual rescate en caso de enfrentar alguna emergencia.
Mientras tanto, algunos empresarios turísticos de Puerto Natales, Punta Arenas y Aysén se aprestan a viajar a la zona por sus propios medios y analizar “in situ” esta nueva posibilidad de actividad turística en una zona tan especial, tan virginal, pero tan lejana como el Parque Nacional Bernardo O’Higgins y Puerto Edén, con su carga histórica de ¿miles?, ¿centenares? de años.

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