Tal vez
no es muy conocido por el público general que las diferentes especies
de mamíferos marinos aún se enfrentan a diversas amenazas, muchas de
loas cuales son originadas por nuestras propias actividades, y que pasan
desapercibidas. Una de estas amenazas es el tráfico marino, que ha ido
en incremento desde las últimas décadas, no tan solo en la frecuencia e
intensidad del tráfico mismo, sino que también en el tamaño de los
barcos con cada vez mayor capacidad de volúmenes de carga, y con altas
velocidades de navegación. Este aumento en el tráfico marino ha estado
impactando silenciosamente la vida de muchas especies marinas,
incluyendo a los mamíferos marinos, y en particular a los cetáceos, con
impactos que van desde cambios en la distribución espacial, pérdida de
espacio de comunicación entre los miembros y aumento en niveles de
cortisol (hormona del estrés), por mencionar algunos efectos. Sin
embargo, un impacto que ha ido en incremento son las colisiones. Sí, la
colisión de embarcaciones/barcos con ballenas, acción que es homónima a
un automóvil que atropella a una persona en la vía pública.
Lamentablemente otro atropello ocurrió nuevamente hace poco tiempo en el
Estrecho de Magallanes, afectando ahora a otra ballena jorobada que era
conocida por años por migrar a nuestras aguas para alimentarse. Este es
el cuarto o quinto caso ocurrido en los últimos años, además de la
ballena sei que estaba siendo rastreada satelitalmente y que varó en la
costa de Tierra del Fuego el año pasado por haber sido atropellada. Pero
estas colisiones no solo se están produciendo en el Estrecho de
Magallanes, sino que también en otras partes del país como Antofagasta,
Mejillones, Valparaíso y Chiloé, con al menos 40 casos en los últimos
años, sin agregar aquellos casos que deben estar ocurriendo en mar
adentro que no son informados y, por tanto, no entran en las
estadísticas, como es señalado en una reciente nota realizada por la
Sociedad Chilena de Especialistas en Mamíferos Marinos en otro medio
escrito de comunicación. A pesar de que estas evidencias de atropello
con lesiones graves o muerte del animal han ido aumentando en nuestro
país, las autoridades pasadas
y actuales no han hecho nada, o más bien hacen vista gorda a esta
situación, tal vez porque se trata de ‘animales’ y, por tanto, no es
importante, de Chile no sale. El perder a un animal como individuo
talvez pueda no ser importante de alarmarse si estos eventos fuesen
raros en el tiempo y que la población afectada es saludable y en
suficientes números; pero si la especie y/o población no lo es, entonces
perder a un animal por atropello sí es importante para la viabilidad y
persistencia de la población de esa especie. Tal vez una de las zonas
que cuentan con estudios en este sentido y que es altamente vulnerable a
este efecto es justamente el Estrecho de Magallanes con la población
veraniega de ballenas jorobadas que se alimentan allí. Los estudios que
han sido realizados por investigadores de instituciones locales han
mostrado que esta unidad veraniega es pequeña, con una alta probabilidad
de que los individuos
puedan ser impactados por colisión con embarcaciones, y que modelos de
riesgo predicen que la pérdida sistemática de tan solo dos hembras por
año llevará a la desaparición de esta unidad veraniega en los próximos
15 años. Pero a pesar de estas evidencias, e incluyendo además el hecho
de que esta unidad se alimenta en una porción que está protegida
oficialmente como AMCP, no se ha logrado ninguna regulación, disposición
o implementación especial en cuanto a normar las velocidades de
navegación de los más de 400 grandes buques que cruzan ese espacio
marítimo durante el tiempo en que estas ballenas se encuentran en
nuestro estrecho, aun cuando las autoridades marítimas tienen facultades
para normar las velocidades de navegación en el maritorio.