Nueva Constitución

Lo que emana del proceso constitucional es preocupante. Es preocupante no tanto por el contenido en discusión, es preocupante por el tono que están protagonizando los extremos en la discusión. 

Pareciera que cada sector situado al extremo, izquierda o derecha, solo está en busca de razones para no lograr acuerdos y rechazar el texto. Total, les da lo mismo cerrar o no el capítulo institucional. Unos quieren quedar con una constitución que ya cumple con más de 40 años. Otros, quieren si o si el fracaso para presionar por una asamblea constituyente refundacional.

Las Constituciones no son unánimes, pero sí son de mayorías. A estas alturas pensar que habrá un texto que concite la totalidad, raya en lo absurdo. Pero sí es necesario dar señales que den un cambio de timón en la discusión para la recta final. Es muy importante que en diciembre el texto se apruebe. No es la prioridad ciudadana, pero sí un tema que se necesita zanjar.

El texto actual, según un estudio del CEP, de sus más de 900 enmiendas, tiene más de 400 que fueron aprobadas con unanimidad. Con eso, ya queda en el papel que difícilmente esta es una constitución partisana. Sin embargo, las señales de ahogamiento, de pasar la máquina, en temas que no necesariamente son de una carta magna, sino más bien, de un proyecto de ley, ponen en riesgo una salida.

Creo que acá hay dos conceptos claves: generosidad y realismo. Cuando revisamos las encuestas, una de las mayores razones para votar en contra es que el proyecto de nueva Constitución retrotraería la ley de aborto en 3 causales. Eso entonces es importante despejarlo, y establecer en texto transitorio, que esa ley no podrá ser derogada. Hay que respetar los avances. Eso es generosidad. Cuando la izquierda, quiere dar la señal ideológica y no respetar la libertad de elección en salud, en educación, en pensiones, tiene que asumir la realidad y dar cuenta de que esas ideas, no son de la mayoría. Así se lo demostró la ciudadanía en el plebiscito del 4 de septiembre. 

Hay que fijarse que más allá de los nudos críticos, este es un texto constitucional que camina a dar estabilidad y exige mayor trabajo a los políticos. El cambio al sistema político es el corazón de una carta magna. La fragmentación que hay hoy en el congreso hace imposible lograr acuerdos en materias ciudadanas urgentes. Si el proyecto de nueva Constitución se aprueba, con la baja de diputados y las nuevas exigencias a los partidos, la fragmentación va a disminuir y eso es una buena noticia para las confianzas. 

Unánimemente se aprobó el derecho a una sala cuna universal, a que por fin las personas tengan una defensoría de las víctimas si sufren delitos. De forma transversal se establecen pisos mínimos de dignidad como el plan universal de salud. Lo que se está proponiendo en gran parte es mucho mejor de la constitución que viene del 80. Si no se logra que en diciembre se apruebe el texto, se confirma el gran fracaso de la política desde el retorno a la democracia. 

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