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En el estudio de tres partes, publicado en la revista Social
Psychological and Personality Science, un equipo internacional dirigido
por Gilad Feldman analizó los improperios en la sociedad.
Primero, el equipo estudió a 276 personas para
descubrir cómo dicen garabatos. Pidieron a los participantes que
enumeraran sus malas palabras favoritas y que registraran el momento en
que las usan.
Los investigadores también pidieron a los participantes que anoten las emociones que asocian con esas palabrotas: ira, exasperación o miedo, por ejemplo.
También se pidió a los sujetos groseros que completaran una encuesta
psicológica para medir su honestidad, lo que ayudó a clasificar la
probabilidades de mentir.
Según recoge el sitio británico de variedades, Indy100, el equipo descubrió que aquellos que mintieron menos anotaron una mayor cantidad de garabatos de uso frecuente.
La mayoría de los encuestados también afirmaron que sus insultos solían usarse para expresar emociones negativas, como la ira.
Los investigadores señalan, sin embargo, que estudiar estas palabras
puede ser complicado, ya que la tasa de insultos disminuye cuando las
personas saben que están siendo analizadas.
Esta es la razón por la cual, en su segundo estudio, los
investigadores recurrieron a las redes sociales y se basaron en estudios
anteriores que encontraron que Facebook ofrece una representación
bastante precisa de la personalidad de los usuarios.
Alrededor de 70,000 perfiles de Facebook fueron analizados por el equipo, enfocándose en la presencia de malas palabras y otras muestras de honestidad en línea.
De esa manera, utilizaron un enfoque que afirma que los usuarios de
redes sociales que mienten usan menos pronombres en primera y tercera
persona como yo, mi, ella y su, y menos palabras exclusivas como “pero” y
“excepto”.
Este modelo, cuando fue utilizado por primera vez por un equipo de
investigación en 2003, alcanzó una tasa de precisión del 67% detectando
mentiras.
En definitiva, las conclusiones del equipo fueron las siguientes:
Su objetivo era proporcionar una respuesta empírica a los puntos de
vista opuestos sobre la relación entre los garabatos y la honestidad.
Descubrieron que una mayor tasa de uso de lenguaje obsceno se asocia con más honestidad.