COLUMNA | El museo del Gulag

En la Unión Soviética,
Gulag era el acrónimo que designaba a la Dirección General de Campos de
Trabajo. En la Rusia Soviética y en el resto de mundo este acrónimo pasó
a significar campo de concentración.

En
2015 se inauguró el Museo del Gulag en una zona alejada de las
principales atracciones turísticas de Moscú. Este museo intenta recoger
-por momentos con éxito y otras de manera muy somera- la experiencia en
los campos de concentración soviéticos.

En
pleno verano ruso, cuando el Centro Panruso de Exposiciones o el Museo
Cosmonáutico se encuentran atestados de turistas viendo los supuestos
logros de la Rusia Soviética, en el Museo del Gulag no hay más de diez
personas recorriéndolo. Pareciera ser que lo que dice el historiador
Orlando Figes es cierto, existe cierta ambigüedad en los rusos (y parece
que también en los turistas extranjeros) con su pasado, en particular
con las políticas que el estado soviético llevo a cabo y del que Rusia
es heredera directa.

Las
instalaciones del museo son muy interesantes, se parte con una muestra
de las puertas que tenían las celdas donde se iniciaba el sufrimiento de
todos quienes fueron acusados de “enemigos del pueblo” y también se
recrea una celda como las que habían en los centros de detención. Todo
ello en un entorno muy oscuro y con mucho ladrillo, imitando el ambiente
que enfrentaron estas víctimas.

Luego
hay una sección con los utensilios que tenían los zeks o presos en
estas cárceles. Interesante es contrastarlos con los utensilios que se
muestran en los museos moscovitas del circuito turístico; este museo nos
revela lo que nadie quiere ver: el genocidio perpetrado por los
soviéticos a vista y paciencia de occidente.

Sólo
a modo de ejemplo podemos señalar que hubo gulag más allá de círculo
polar ártico, esto sería el equivalente a tener campos de concentración
más al sur que la Villa Las Estrellas en nuestra antártica. Por ello
cumplir condena en esos gulag prácticamente equivalía a sentencia de
muerte.

Al
finalizar el recorrido en la muestra permanente del museo hay un mapa de
la ex Unión Soviética lleno de puntos iluminados por todo el
territorio. Para el que no sabe, dichos puntos podrían significar todos
los gulag que existieron, sin embargo la realidad es aún peor, ese
centenar de puntos repartidos por la URSS -que Solzhenityn llamó
“Archipiélago Gulag”- son solo las oficinas que estaban a cargo de los
campos, es decir, los puntos en el mapa podrían fácilmente multiplicarse
por cuatro o cinco y la cifra seguiría siendo moderada.

El
Museo del Gulag nos recuerda que cada vez que nos quieran llevar a un
mundo nuevo, que nos prometan el cielo en la tierra, nos estarán
llevando no solo por un camino de servidumbre, sino que de tormento y
muerte. Esa fue la promesa de la Revolución Rusa, en este mes se
conmemora un siglo de dicho acontecimiento y claramente se trata de un
evento donde no hay nada que celebrar.

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