La
mitad de los electores están confundidos y no se deciden si acudir a
las urnas porque no saben por quién votar. Muchos buscan al candidato
de mayor “cercanía con la gente”, pero la simpatía, sonrisa y frases
ingeniosas no tienen necesariamente relación con sus capacidades para
gobernar. Hay que estar alertas y recordar que “no hay pillo que no sea
simpático”. Yendo más a la sustancia, la respuesta obvia a la pregunta
de quién debería gobernar sería: el más sabio y bueno. Pero no siempre
nuestros gobernantes han destacado en estas virtudes. El gran filósofo
Karl Popper es muy pesimista al respecto. Considera que los gobernantes
más bien se han ubicado por debajo del término medio moral e
intelectual. Entonces, ¿qué nos hace suponer que esta vez sí tendremos
éxito y uno de los candidatos será lo suficientemente bueno y sabio para
gobernarnos? Frente a este desafío, Popper propone que en vez de buscar
inútilmente al gobernante perfecto, organicemos las instituciones
políticas para que los gobernantes malos e incapaces no puedan ocasionar
demasiado daño.
Cobra
entonces importancia analizar las propuestas de los candidatos. No es
de sorprender que todos declaren que harán una buena gestión y planteen
atractivas metas. Creerles es cuestión de fe, que no afecta el ejercicio
del poder en sí. Pero abundan las propuestas de candidatos que nos
ofrecen servicios gratis (salud, educación, vivienda, etc..). Tome en
cuenta que no hay nada gratis en esta vida. El estado no produce nada y
cualquier cosa que le ofrezcan, usted tendrá que pagarla mediante
mayores impuestos. A los políticos les encanta aumentar los impuestos,
porque se quedan con una parte y el resto lo comparten con sus
partidarios. No les crea. Como ejemplo está el impuesto adicional a los
combustibles, que se estableció hace más de 30 años con la excusa de
reparar las carreteras dañadas por el terremoto de 1985.
Otros
proponen incluso la expropiación de empresas, que por cierto no lo
efectuará con su plata, sino con la suya estimado lector. Los políticos
dispondrían entonces de más empresas para colocar a sus partidarios y
familiares, administrando con total desenfado ya que no arriesgan sus
propios recursos, sino que los de los contribuyentes.
Estos
componentes de los programas apuntan a fortalecer el poder de los
gobernantes, que es lo que más teme Popper. Tenemos sòlo uno de los
candidatos que apunta con su propuesta en otra dirección. Propone
abiertamente achicar el estado reduciendo el gasto total de la nación.
Es un hecho conocido que este gobierno incrementó la “grasa” del
estado, que se podría quitar nuevamente sin grandes trastornos. Este
candidato quiere disminuir la burocracia reduciendo los ministerios,
personal diplomático y el número de diputados y senadores. El broche de
oro es eliminar la peor farra del estado: el Transantiago. Todo esto
permitiría el beneficio de bajar los impuestos, como el específico a los
combustibles y el IVA, que pagamos todos los chilenos y en especial los
más pobres. Achicando el estado, se reduce el ámbito de acción de los
políticos y nos protegemos así de los malos gobernantes que vendrán, que
es lo que preocupa a Popper y debiera preocuparnos a todos.