158 años: tras libertad, igualdad y fraternidad

Dadas
las dramáticas consecuencias que estamos enfrentando y que están
haciendo relucir las características de una sociedad de la cual todos
somos y hemos sido activos participes, podría ser superfluo escribir
acerca de tres valores que han estado enmarcando a la sociedad
occidental desde los inicios del Siglo XVIII. Sin embargo, la mayoría de
las visiones generadas en torno a la actual pandemia y sus desastrosos
efectos sociales, contemplan la necesidad de reconstruir una vez más el
engranaje de un país agobiado, en función de ideas que combatan la
explotación del hombre por el hombre, los privilegios y la intolerancia.
Vale decir, poniendo en la primera línea los valores de Libertad,
Igualdad y Fraternidad, como principios básicos para enfrentar los
absolutismos y las injusticias de nuestra sociedad estamental. Esta
trilogía aparece en el escenario social chileno el 24 de mayo de 1862,
con la fundación en Valparaíso de la Gran Logia de Chile y que se inicia
en un ambiente socio-económico dominado por el aislamiento intelectual
propio de los tiempos de la Colonia y la fuerte persecución de las
peligrosas ideas liberales. Previamente, se habían consolidado los
principios masónicos universales con la creación en 1717, de la Gran
Logia Unida de Inglaterra. En Magallanes, la masonería reconocida por la
Gran Logia de Chile, emerge el 13 de mayo de 1909. En la actualidad,
existen más de 240 clubes filosóficos distribuidos por todo el país,
dentro de los cuales se reúnen hombres de espíritu libre de todas las
razas, nacionalidades y credos, identificados con el pensamiento y la
cultura humanista y liberal, siempre trabajando silenciosamente por la
libertad, la igualdad y la fraternidad. Las miradas de futuro son
obviamente dependientes de la época dentro de la cual se instalan los
objetivos de desarrollo individuales y colectivos. En estos momentos de
múltiples incertidumbres, la exigencia es avanzar hacia condiciones más
favorables y de mayor sustentabilidad social y ambiental, sobre la base
de un diálogo fraternal y una decidida voluntad de consenso. Esta
condición debería ser uno de los fundamentos iniciales para enfrentar
los innumerables desafíos que impone el estado de la humanidad en su
conjunto y que adquiere dimensiones globales, en donde el origen de los
cambios que esperamos todos y todas puede ser la resultante de una
combinación efectiva de acción de cada uno de los habitantes de la
región, del país y del planeta. Sin dudas, ello requiere de aportes
constructivos que permitan ser tejidos para originar nuevas y cada vez
mejores posibilidades de convivencia que realcen la libertad, la
igualdad y la fraternidad. Sólo a través de estos principios ideales y
humanistas es posible pensar soluciones que contribuyan a una sociedad
que asegure la libertad, el bienestar y el crecimiento personal de sus
integrantes, así como el desarrollo sustentable de cada comunidad,
aspectos que, bajo distintos escenarios, a perseguido durante los
últimos 158 años la Gran Logia de Chile. Ahora, es el momento buscando
revitalizar la construcción de un espíritu unitario para el avance de
nuestra esencia nacional.

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