Estamos exactamente a cinco días de una fecha transcendentalmente histórica para nuestro país, el 25 de octubre, fecha en la cual se realizará el plebiscito denominado oficialmente Plebiscito Nacional 2020, en el cual los vocales entregarán a los votantes dos papeletas. En la primera se consultará si quiere una nueva Constitución y en la segunda se darán las dos opciones del órgano encargado de redactarla en el caso de que se apruebe la alternativa de una nueva Carta Magna.
Contando precisamente el día 25 de octubre, será el noveno plebiscito que tendremos en nuestro país, pero al mismo tiempo será la primera vez en 210 relativos (1810 o 1818) años de historia como República, que se consultará a todos los ciudadanos acerca de la procedencia o no de una nueva constitución y la forma de escribirla.
Pese a la importancia de este acto democrático, algunas personas sienten temor, otros desprecio e indiferencia irresponsable por acudir a cumplir con este deber ciudadano. Los primeros sobre todo personas mayores, temor por la pandemia y los otros por desilusión de que nada cambia, como también los hay algunos interesados en que nada cambie. Enojarse por que las cosas no son como uno quiere y conformarse solo con el reclamo constante, no es precisamente la forma de superar los males de la sociedad. Como decía el escritor y filósofo inglés, Edmund Burke, “Lo único que hace falta para que triunfe el mal, es que los hombres de bien no hagan nada”.
Este plebiscito se dará en un marco en el cual los ciudadanos consideran al Coronavirus, la crisis económica y la consiguiente cesantía como el primer problema de Chile. Pero, al mismo tiempo si consideramos en conjunto todos los temas referidos a la política como, – la incapacidad de alcanzar acuerdos, el mal comportamiento de la clase política, la inacción del gobierno y los partidos, la corrupción y el fraude, se convierten estos en los grandes problemas de los ciudadanos. Con pandemia y una descomunal crisis económica, la gente a veces teme más la irresponsabilidad de sus políticos que a las consecuencias del virus del Covid-19, situación que debería hacer reflexionar seriamente a todos los dirigentes.
Lamentablemente a veces, con justa razón, muchísima gente piensa que la política actual tiende a hacer que nos odiemos. El filósofo actual, Jason F. Brennan, profesor en la Universidad de Georgetown, que ha escrito sobre teoría de la democracia, ética del voto, capacidad y poder, libertad y las bases morales de una sociedad de mercado, piensa que la mayoría de los ciudadanos no tiene incentivos para informarse mejor antes de unas elecciones. En su libro Contra la democracia, plantea que la política actual tiende a hacer que nos odiemos, en lugar de animarnos a cooperar: “Tendemos a dividir el mundo en gente buena y mala. Tendemos a ver el debate político no como una disputa razonable sobre cómo conseguir nuestros objetivos compartidos de la mejor manera, sino más bien como una batalla entre las fuerzas de la luz y la oscuridad”.
Pero aún pese a todos estos sentimientos y reflexiones, se hace cada vez más necesario participar y perseverar, si se desea lo mejor para el país y la búsqueda constante de mayores niveles de justicia, equidad y paz social, de lo contrario como decía el historiador inglés, Arnold Joseph Toynbee: “El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas a quienes sí les interesa”.