A la punta del cerro

La pandemia como excusa o prohibición para no ir a votar debió producir un efecto en el resultado del plebiscito. La peste no es elítica y golpea a todos los sectores, pensamientos y condiciones. La disminución en la cantidad de votantes no ha cambiado el resultado a pesar de que algún sector justifique la poca entidad esperada atribuyéndose dueña de los votos que se quedaron en sus casas. Las explicaciones serán las más variopintas, conforme a lo que se sepa (esta nota fue preparada antes del inicio del proceso, por lo que resulta una aproximación).
La campaña del terror, de un sector que no puede gobernar sin aprovecharse de la debilidad y los recuerdos de una época traumática de la sociedad, puede haber logrado su efecto. Luego del 18-O la posibilidad era 90 – 10 y, jugando con la desidia normal de nuestros ciudadanos, del miedo por la quema de iglesias, pseudos-raptos de curas, palabras rimbombantes de quienes se creen con la única verdad, pactos internacionales y descrédito de planes Z, entre muchos argumentos, pudo haber cambiado esa proyección a un poco más a su favor.
La pregunta es, sabiendo que el resultado estaba zanjado desde hace un año, ¿por qué tanta mentira, tanta amenaza, tanta búsqueda de elementos negros? Nos han presentado un Chile distinto, del que han caricaturizado a sus representantes, ideas, razonamientos, como si todos los que estábamos por el Apruebo, somos irracionales, zurdos extremistas, seguidores del chavismo y aspiramos al deseo de una destrucción de nuestras raíces sociales, institucionales y políticas. Es una vergüenza que, hayan tenido que llegar a esos extremos para infundir miedo y que tanta cobertura lograren con los medios que se encuentran a su disposición. Eso es precisamente lo que intentaron y, no nos cabe duda que lo lograron, aunque sea en parte.
El juego del temor y desinformación en cada hecho del último tiempo ha sido desvirtuado por la realidad. Asustaron a todos por el retiro del 10% y hoy se tratará otro retiro similar. La estridencia de los gritos y las banderas enarboladas no han servido para destruir, pero si para minar, buscando salvaguardar el status quo.
El juego UDI – PC les llevó a establecer una posición en la cual ambos salen beneficiados, pues entre la campaña del terror de uno y las expresiones insultantes y descalificadoras del otro, llevó a cerrar filas y que las FF.AA. vuelvan a sentirse garantes de la constitucionalidad que el pueblo quiere modificar. Se olvidan del enorme país que vive en el centro. Seguro que el logro conseguido, será de que quieran imponer posiciones o ejerzan su derecho a veto a cualquier proceso que, a partir de ahora, comience a desarrollarse. Es la única oportunidad que les queda en el nuevo escenario y pronto los veremos exigiendo poner condiciones imposibles a la Convención Constituyente.
El pueblo, manejado como niños hambrientos y temerosos, se mueve con pocos argumentos de una a otra posición. Muchos eligieron quedarse en sus casas, intuyendo el resultado y otros observaron desde la punta del cerro como se enredaron y ahogaron en sus propios fluidos. A partir de ahora, los triunfadores deberán ponerse de acuerdo, de una vez por todas, para poder hacer oír su voz. Basta de caudillismos de escuela y de actuaciones zorrunas de los políticos viejos. La hora del cambio llegó y expulsando a los violentistas, debemos formar una nueva primera línea para hacer un país más digno y equitativo. Bueno será enmudecer y oír el clamor de la calle.

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