Los
medios de tv han sido particularmente propensos a difundir todo tipo de
actos de violencia desde el Despertar de Chile. También lo fueron
cuando el día previo a la votación del 10 % de las AFP hubo desmanes y
curiosos ataques a retenes y comisarías. Interpretaron las palabras de
Jackson sobre las consecuencias de la no aprobación de esta iniciativa
como una incitación a una post sublevación, pero nada han dicho sobre la
concejala UDI del país Las Condes que se alineó con un “necesario”
nuevo pronunciamiento militar. Es nuestra televisión y no podemos hacer
nada al respecto. Todos los canales están en la misma sintonía y lo
único que queda es apagar la televisión.
Ahora
bien. Si de violencia o de incitación a la violencia se trata, nada más
preocupante que las actuaciones de connotados políticos que persiguen
afanosamente mantener el status quo de un sistema que fue creado para
favorecer a unos pocos con el dinero de todos. “La necesidad tiene cara
de hereje”, dice el refrán y, hoy, gran parte de la población está en
esa posición, frente a otros que, defendiendo lo indefendible, se
presentan en cuanto matinal hay y le otorgan las más amplias coberturas
para dar sus planteamientos. Ya cansan de tanta majadería pues podrán
tener una presión sobre unos cuantos senadores, pero no lograrán dar
vuelta la opinión mayoritaria de la población que les eligió. La
violencia está en querer poner en la mente de la ciudadanía un panorama
de terror inconmensurable, que no da esperanza y que, como todos saben,
procura que “no se vaya a expropiar los dineros” (no de los chilenos) de
aquellos que lo están usando y gozando desde hace ya casi 40 años. Se
creen tan videntes como cuando crearon el incuestionable sistema.
La
gente se siente violentada por estas declaraciones y defensas
corporativas lideradas desde Palacio por “todos saben quién”, porque los
adalides de la justicia que empuñan sus espadas no trepidan en
ningunear, despreciar, acusar de populismo a las posiciones contrarias o
amenazar con Tribunales Supremos del Partido a quienes se desalinean.
Son los mismos que ofrecen cargos a cambio de votos; son los mismos que
hablaron de Chilezuela como único recurso para ascender el poder; son
los mismos que inflaron cifras de Bachelet II para aparecer como
salvadores del país; son los mismos que, en algún momento, pensaron en
usar el 10 % para solucionar problemas del país y los bancos y no de la
gente; son los mismos que consiguieron créditos CORFO para comprar
acciones de AFP cuando se crearon y que no tuvieron que pagar nada,
gracias a los generosos dividendos de sus crías; y, para concluir, son
los mismos que consideraron que el sistema era tan bueno para los
trabajadores, pero dejaron fuera a las fuerzas armadas que, con el
correr de los años, han visto solucionado sus problemas de vejez.
La
violencia se consigue con las apariciones, día tras día, de los mismos
de siempre, con una insistencia enfermiza que genera repudio en las
redes sociales, único medio posible para posicionar divergencias y donde
no hay filtros y muchas veces tampoco hay mesura. La violencia se
expresa en las reacciones de la gente al verlos en las pantallas, donde
la odiosidad pasa a ser un pan de cada día que se fermenta en los
domicilios hacinados y más aún donde reina la real necesidad.