En
momentos donde solo se escribe sobre la pandemia, he decidido hacer un
cambio copernicano, como decía la cantora argentina, Mercedes Sosa,
“todo cambia”. Así es que decidí escribir sobre La Argentina. Sí, estuvo
de aniversario patrio nuestro país hermano, la República Argentina,
país genial, que tanto ha aportado al mundo, a través de su imagen,
idiosincrasia y cultura, no por nada se dice que Buenos Aires por su
Teatro Colón es la capital de esta expresión artística en Latinoamérica.
Además, me motivó la idea y convicción, que nuestro futuro y destino
sobre todo en la Patagonia, no es otro que la búsqueda de la
integración, mas allá de los accidentes históricos motivados por ciertas
mentalidades que han pensado más en los cañones, que en la naturaleza
humana de la razón que Sócrates ya en siglo V nos enseñó. Como todo país
de estas latitudes, es una nación que ha pasado sus vicisitudes, muchas
revoluciones en su historia, problemas de políticas económicas y
demases, pero al mismo tiempo con una capacidad impresionante de
saborear la vida, incentivar la crítica, ser irreverentes con sus
autoridades y mantener la gracia de su cultura, representada entre otras
cosas en el cafecito de la mañana en la confitería del pueblo. Pero la
genialidad ha sido grande, a través de sus hombres y mujeres de letras,
notables escritores y poetas, sus artistas, su teatro, cine, deporte,
manifestaciones artísticas, sobre todo la de sus intérpretes y cantantes
y para que decir sus hombres de ciencia, no por nada tienen 5 premios
Nobel, pero curiosa e inmerecidamente, pese a tanto talento en las
letras, ninguno de estos es de literatura. Para incentivar las letras y
“matizar”, escucho una parte de la canción, “No llores por mí
Argentina”, que dice, “Busqué ser libre. Pero jamás dejaré de soñar”,
sinceramente creo que jamás lo han hecho, para ellos y con justa razón,
Gardel, sigue cantando mejor que nunca, aunque murió en 1935.
Perseveran en su convicción que aparte de mirar el mundo, este también
los mira fijamente a ellos, prueba de esto son sus dichos que han
logrado impregnar y asimilar a otras culturas de habla hispana, como la
nuestra que comparte la columna vertebral de Los Andes, o acaso no es
cierto que algunas formas verbales ya son parte de nuestra conversación
coloquial, solo por citar algunas: “Tipo”, “pucho”, “gauchada”, “una
luca”, “quilombo (desorden)”, “le faltan un par de jugadores (persona
poco cuerda)”, “canto Gardel (día de pago)”, “mala leche” y tantos otros
que se escuchan a diario. De sus dichos ni hablar, “buscarle la quinta
para al gato”, “billetera mata galán”, “tirar los galgos”, etc. También
han hecho lo suyo en la gastronomía, “el dulce de leche”, “las media
lunas”, “el alfajor”, “el mate”, “el choripán”, “el bife chorizo”, “el
asado o parrilla”, por citar lo más popular y conocido, que han
mejorado sin darnos cuenta las recetas o los gustos existentes. Tanta
genialidad junta y dispersa al mismo tiempo, que sirve en momentos como
estos. Recordando a la escritora argentina Silvina Ocampo, “Lo único que
sabemos es lo que nos sorprende: que todo pasa, como si no hubiera
pasado”; quizás como una forma de superar el miedo de estos tiempos,
rememorando a Sábato: “Siempre tuve miedo al futuro, porque en el
futuro, entre otras cosas, está la muerte”. Pero al mismo tiempo con la
conformidad de Bioy Casares “La vida es una partida de ajedrez y nunca
sabe uno a ciencia cierta cuándo está ganando o perdiendo”. En fin como
decía Cortázar, “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir
desborda el alma”.