Así se construye un régimen totalitario

La mayoría de este país piensa que en el plebiscito del próximo 25 de octubre se cambiarán muchas cosas. Los de izquierdas, porque son más de una aunque capitanea la extrema al resto, consideran si gana el Apruebo se consolidará la transformación del régimen político chileno a un “estado social de derechos” y al establecimiento de la constitución de la revancha histórica. Los de derecha creen si gana el rechazo se terminará el peligro de llegar a ser “chilezuela”. Ambas están equivocadas, tanto por ingenuidad, ignorancia o simplemente hipocresía.
En Chile hace años se está construyendo una nueva forma de totalitarismo siglo XXI, se ha ido paso a paso demoliendo instituciones, conceptos, valores, formas de pensar. Se ha introducido el “lenguaje de género” al país que usa el peor castellano del mundo, que hablaba mal y ahora lo hace aún peor, está comprobado que el habla es el vehículo del pensamiento, y el que habla con errores pues también piensa con errores pero, un pueblo inteligente no le sirve a la revolución en marcha. Luego la distorsión de los valores y la introducción de lo “políticamente correcto”, aparejado de la “cultura de la cancelación”, que busca destruir a los disidentes no por lo que hacen sino solo por lo que piensan. Si no me gusta, “lo funo”. Entonces se establece el miedo colectivo, y se sigue corriendo el cerco y en aras de los supuestos “derechos sin deberes” de las minorías “oprimidas” se vulneran a diario los derechos de la mayoría, ahora más “oprimidas” aunque termina entregando su voluntad porque prefiere no pensar ni resistirse por miedo, queriendo creer que el adversario le perdonará la vida si no lo contraria. Así surge esa “derecha por el apruebo”, que recuerda la sicología de las ratas en un laboratorio.
Una vez más los tiempos los impone la izquierda en su versión revolucionaria, fiel a su tradición escatológica de proyectar la historia que ahora pretenden cambiar por completo en un “proceso de descolonización”, y de ahí imponer mantener la fecha del plebiscito del 25 de octubre, porque ahí comienza según ellos, el proceso constituyente de un nuevo régimen político, amarrado en una nueva constitución, supongo son pocos los ingenuos que crean esto lo hacen por amor al Derecho y para permitir una democracia liberal y un sistema de libertades, como habíamos tenido hasta ahora. Se trata precisamente de cambiar hasta las raíces todo, digo TODO, hasta la historia, toda la continuidad judeo-cristiana de que proviene Chile, la civilización cristiano occidental que desarrolló la democracia, la libertad y se sustenta en la Fe y en los derechos individuales.
Entonces la clase política integrada por Gobierno y oposición, hace vista gorda del estado de la pandemia de Covid-19 en el mundo y en Chile, de la que no podemos abstraernos, esto es una infección a nivel mundial, lo que ocurre en Europa ahora, es lo que tiene Punta Arenas y muy pronto todo Chile. Y como si lloviera, hay que disimular para hacer el plebiscito, sin campaña previa, solo propaganda mezquina e insuficiente, y qué importa muchas personas se contagien y mueran en un día que se pueden desplazar más de 14 millones de votantes, 122.000 en Punta Arenas.
La revolución lo exige, el Servel no puede garantizar nada de nada, la gente esta engañada nuevamente. Pero esto es igual que Chernobyl, se exige el sacrifico de muchos en aras del interés colectivo según ellos. Después que voten, que se mueran y que se desate la segunda ola aún peor, los viejos sobretodo son prescindibles y estorban. Entretanto, los diputados aprueban la “ ley mordaza” contra el “negacionismo” es decir, contra los disidentes, a la cárcel los que no estén de acuerdo, dejemos de molestar a la revolución en construcción. Así es en Venezuela.
Ese 25 de octubre con o sin plebiscito las cosas no mejorarán, la demolición del país continuará aún peor, la revolución no se detendrá por si sola, deberemos hacerlo los chilenos, porque eso hace nuestra diferencia con Venezuela. Cualquiera sea el resultado de una votación llevada a cabo en mataderos con forma de locales de votación, y a pesar del Gobierno de Sebastián Piñera, Chile no se entregará.

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