Asumamos otros modelos de comportamiento

Somos una generación que hemos perdido actitudes de decoro y compromiso; nuestro comportamiento como especie pensante muestra una imagen desastrosa, sin autenticidad ni principios en la mayoría de las ocasiones. Fracasan los liderazgos y, también nos frustramos nosotros, con nuestro propio obrar. El yugo de la opresión, el reinado de la falsedad y la dominación de un poder sin escrúpulos, nos está destruyendo el innato proyecto de vivir unidos. Desde luego, nuestro primer y urgente deber radica en liberarnos de adoctrinamientos socialmente dañinos. Los dirigentes han de ejemplarizar mucho más sus acciones. Son personas influyentes; y, en todo tiempo entonces, han de marcar una ruta trazada con claridad que haga posible la convivencia, o si quieren ese bienestar de vida que ha de globalizarse y no privilegiarse en unos pocos. Ahí radica el verdadero estado social, en el descubrimiento de los valores a través de las obligaciones que todos, como ciudadanía, tenemos. Ya está bien de politizar lo que es poético, de desmoralizar actitudes en donación, de cultivar el culto de lo inmoral; lo que conlleva, la envida y la rivalidad entre semejantes, el derroche de algunos y la miseria de otros.

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