El
cierre de los establecimientos educacionales, fue una de las medidas
que tomó el Gobierno para evitar la propagación del corona virus. Ese
cierre trajo alivio, “cerrarlas constituye una de las intervenciones no
farmacéuticas más poderosas que se pueden implementar”, pero también uno
de los más grandes desafíos implícitos en la contingencia. ¿Cuán
preparados estaban, por un lado, los estudiantes y por otro los docentes
para trabajar en la educación on line? ¿Qué hemos aprendido en todo
este tiempo en relación a los aprendizajes, valga la redundancia,
virtual? ¿Cuánto quedará de esta luz tecnológica cuando pase la
pandemia? Hasta que nos azotó la pandemia, el trabajo más fuerte en la
educación virtual que se hacía en los colegios a los alumnos era el de
concurrir a los laboratorios de computación a desarrollar una clase
planificada por el docente, donde ellos tenían que seguir las
instrucciones que el profesor entregaba o bien concurrir para ver un
vídeo, para ejecutar una prueba de ensayo, etc; salvo las excepciones en
ciertas asignaturas donde los profesores tienen mayor expertiz y donde
pueden someter a los alumnos a un trabajo más profundo. El traslado
urgente de la escuela al entorno virtual
también encontró escollos, como por ejemplo, la posibilidad de que todos
los estudiantes pudieran conectarse desde sus casas. “Ya hace tiempo
sabemos que la conexión, la digitalización, es una nueva dimensión de la
desigualdad: la crisis del coronavirus no hace más que acentuarlo al
punto de la obviedad”. Y si no tenemos en cuenta este nivel de
fragmentación, y no se presentan propuestas integrales para hacer frente
a esta emergencia, esta situación de virtualización potenciará las
desigualdades.
¿Qué cosas deberían tenerse en cuenta para que la educación on line sea efectiva y potenciadora?
Por nombrar algunas:
En primer lugar, no dejar de considerar que el estudiante está en un contexto emocional endeble, es decir, que esto no es solo educación virtual sino que atravesamos una situación que aveces complica los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En segundo lugar realizar una capacitación al personal docente.
En
tercer lugar es tener presente que la educación es un hecho vincular y
que al ser virtual, los educadores deberían chequear y verificar de
manera permanente que el estudiante está siguiendo la clase.
En
cuarto lugar que los docentes revisen continuamente sus metodologías.
Si algo pone de manifiesto la tecnología es que aprender en línea hay
que apostar por la innovación metodológica. Una clase magistral de un
profesor que expone ya no se sostiene. Los tiempos deben ser breves, con
videos de todo tipo: Teóricos, de demostraciones, de prácticas;
lecturas orientadas, ejemplos ilustrativos consignas claras y donde los
estudiantes tengan una participación activa.
De
los errores y de los aciertos tenemos que aprender para seguir
repensando los sentidos de la educación y de la escuela en las
sociedades contemporáneas por venir.