Banderas de libertad

Reflexionar
sobre la libertad en tiempos de tanta zozobra, parece fuera de lugar.
Los datos diarios sobre la pandemia, su avance casi desbocado, los
efectos de la enfermedad y las consecuencias económicas presentes y
futuras, dirigen a las gentes en busca de seguridad. Referirse a ella
pareciera alejado de las preocupaciones actuales de la sociedad.
Precisamente por lo mismo, es tan necesario hoy más que nunca,
reivindicar las nobles banderas de la libertad. Muchos analistas,
políticos y líderes de opinión ven en los sucesos presentes, una
oportunidad de erigir al Estado como el gran actor del futuro. Dicen que
sin el aparato estatal esta pandemia no puede combatirse adecuadamente,
como tampoco sus consecuencias en todo ámbito. Que el planeta entra a
una nueva era donde se necesita un Estado fuerte que garantice derechos a
sus ciudadanos. De ahí al intervencionismo estatal en la vida personal
de los ciudadanos, estaremos a pocos pasos. Si nos fijamos bien en las
noticias de Chile y mundo, es el sector privado el que ha ido dotando a
los gobiernos de los insumos e instrumental médico necesarios para el
tratamiento de la enfermedad. Mascarillas, ventiladores mecánicos,
exámenes para verificar la enfermedad, entre otras cosas. Incluso el
personal sanitario ha sido formado en buena medida en universidades e
institutos privados, sin los cuales no habría suficientes profesionales
al servicio de las personas. Son ellos los que están en la primera línea
en el combate de la pandemia.

Y
en el tiempo próximo, debe ser el sector privado un actor esencial e
insoslayable en la recuperación económica del país, abriendo plazas de
trabajo y oportunidades a los ciudadanos. La inversión será clave, el
emprendimiento fundamental en la reconstrucción. En tanto hoy se pierden
miles de empleos en el país, con la crisis social que ello está
generando, el rol del Estado debe ser facilitar la creación y el
funcionamiento de empresas y de puestos de trabajo, el intercambio de
bienes y servicios, la inversión nacional y extranjera, que es el
verdadero impulsor del desarrollo, porque para los ciudadanos el mejor
derecho laboral que se le puede garantizar, es tener trabajo y una
remuneración mensual. Incluso como vimos, en el ámbito sanitario llegó
el momento de dejar de lados los ideologismos miopes que niegan a los
privados, actuar en el ámbito de la salud pública.

Pero
la libertad no solo debe preservarse en el ámbito económico, sino
también en el social e individual. Porque a propósito de esta
enfermedad, algunos estados están realizando seguimientos a sus
ciudadanos con el fin de conocer sus movimientos, con quiénes se
reunieron, en qué día, hora y lugar, qué consumieron, etc. Justifican
esta violación a la privacidad en razón de la salud pública, pero la
historia nos enseña que cuando el Estado quita libertades, normalmente
no la regresa a sus ciudadanos.

En
línea con lo expuesto, San Juan Pablo II en su Encíclica “Centesimus
Annus” nos dice “La moderna economía de empresa comporta aspectos
positivos, cuya raíz es la libertad de la persona, que se expresa en el
campo económico y en otros campos. En efecto, la economía es un sector
de la múltiple actividad humana y en ella, como en todos los demás
campos, es tan válido el derecho a la libertad como el deber de hacer
uso responsable del mismo”.

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