Uno de los principales grupos de riesgo en la aparición del virus COVID-19, son sin duda los adultos mayores. Que una persona de edad avanzada se enferme a causa de este Coronavirus significa que podría requerir hospitalización, cuidados intensivos, un respirador mecánico para poder recibir oxígeno, o incluso podría morir.
Pero no este el único problema que puede surgir para este grupo etáreo en época de pandemia, ya que las largas cuarentenas y el confinamiento en los hogares ha dejado al descubierto la importante brecha que existe en torno a la vida digital y la tercera edad.
Una de las importantes barreras del uso de las tecnologías, está determinada porque en su gran mayoría son creadas para un público de corta edad que los consume a diario, y tienen poca participación de personas mayores en los procesos de desarrollo de dispositivos y aplicaciones.
Según datos de la encuesta CASEN en el año 2017, en el ámbito de las tecnologías de la información (TIC) para la población adulta mayor, el servicio de mayor disponibilidad y presencia es el teléfono móvil (50,4%). Sin embargo, el teléfono fijo se mantiene como una herramienta que permite mantener la comunicación y las relaciones afectivas entre las personas mayores y familiares.
En estos tiempos de pandemia, la gran mayoría de los trámites se realizan a través de la vía electrónica, como por ejemplo la solicitud de permisos, postulación a las diferentes ayudas del gobierno, entre otros. Esto obliga al adulto mayor que no posee la tecnología, el conocimiento, ni la ayuda para realizar estas acciones, a desplazarse y tramitar todo a la antigua usanza arriesgando contraer el COVID-19.
Pero no sólo existe la dificultad en el uso de la tecnología, sino que las barreras económicas son muy relevantes, ya que plantear en nuestro país que cada persona mayor pague los costos asociados a la implementación, mantención de un dispositivo móvil e incluso el acceso a internet en un escenario de bajas pensiones, resulta impensable.
El rol que debiera jugar la tecnología en la solución de los problemas de las personas mayores asociadas a esta crisis es fundamental. Hoy, sin gran dificultad, es posible tener médicos en domicilio mediante video conferencias, monitorizar caídas y generar alarmas mediante tecnologías de análisis de movimiento, así como es posible solicitar y despachar de medicamentos o productos de primera necesidad en la puerta de la casa, solo por nombrar algunas alternativas hoy disponibles.
Sin embargo, esta crisis permite también exponer las importantes brechas por cubrir en este campo, tanto en términos de accesibilidad como de acceso. Actualmente son pocos los dispositivos y aplicaciones disponibles en el mercado diseñados específicamente para facilitar su uso por personas mayores, quienes en general valoran diseños simples, iconografía de mayor tamaño y elementos que faciliten la visibilidad.
Pero también debemos ver el vaso medio lleno, hay que destacar que el uso de tecnologías por personas mayores aumenta en forma progresiva en el mundo, y se ha acuñado el concepto de “Gerontecnología” como la rama de la ciencia dedicada a su estudio, y que busca formas de que las tecnologías mejoren la calidad de vida de los mayores. Esta crisis sanitaria puede darnos muchas lecciones en relación con este tema.
El mundo seguirá envejeciendo, de la misma manera que el desarrollo de tecnologías seguirá creciendo en forma explosiva. Lograr que estos dos eventos no ocurran en paralelo si no entrelazados es una oportunidad que no podemos dejar pasar, pues nos abrirá una gran avenida para lograr mejorar la calidad de vida de nuestros mayores.