Han
pasado 25 años de la llegada a Chile de Internet, sin embargo, menos de
la mitad de los hogares chilenos pueden acceder a esta herramienta que
nos conecta con el mundo. Realidad que ha quedado al descubierto,
producto de esta crisis sanitaria que hoy nos tiene, analizando la falta
de equidad en un ámbito que pocas veces capto nuestra atención o
preocupación.
Avanzar
en igualdad social, es relevante para el diseño de política pública, no
es casualidad que los países que tienen un alto nivel de desarrollo
humano, son aquellos que abordan la desigualdad en todas sus
dimensiones; parece ser, que Chile aun no ve la importancia de alcanzar
la igualdad social, como estrategia fundamental para el desarrollo,
sabemos que terminar con ella es tal vez una utopía, pero si podemos
aportar políticamente en la reducción de ella.
Esta
reflexión cuenta con antecedentes inmediatos, aun cuando se reconoce el
progreso en esta materia, seguimos segmentando nuestro país en los que
tienen y los que tienen muy pocos, asumiendo esta última parte de la
población las desventajas de un país castigador que les muestra que esa
realidad es las que les toca vivir.
“La
igualdad es considerada un principio normativo y el horizonte
estratégico del desarrollo (Bárcena y Prado,2016, pag.54) y una
condición central no solo para la superación de la pobreza sino también
para el goce efectivo de los derechos de toda la población”, entonces
¿porque, normalizamos las brechas?, estamos frente a una realidad país,
que no se puede esconder, invisibilizar, porque está aquí y se quedará,
no estamos preparado para enfrentar estos desafíos digitales, partiendo
por el déficit de profesionales digitales, escuelas que no estaban
preparadas para trabajar de manera online, etc.
El
Ministerio de Educación y el gobierno que representa, deben asumir con
responsabilidad, eficiencia y proactividad este nuevo desafío que
infiere que no basta la entrega de un notebook e internet por un año, ya
que la pregunta inmediata es ¿y después qué? si el niño o niña y/o
adolescente, no cuenta con el acceso a internet en su hogar y no
precisamente porque no le interese, sino porque lo más probable es que
en su familia existen otras prioridades, un dividendo, un arriendo,
alimentación, salud o el pago de mensualidad de un colegio, con la
aspiración legitima que sus hijos e hijas tengan mayores posibilidades,
para lograr lo que a ellos se les fue negados.
Las
brechas digitales condicionan las oportunidades de las personas en
nuestro país, así también como el futuro de sus hijos/as, especialmente
donde predomina la polivalencia, pudiendo solo unos pocos influir sobre
su propia existencia.
En
otras palabras, somos testigos de una desigualdad profunda en nuestra
sociedad, ocasionado por la alta concentración de ingresos en los mismos
de siempre y en los diferentes planos. Dejemos de hablar de aspectos
políticos, sociales y culturales como conceptos aprendidos y que las
personas no quieren seguir escuchando.
La
desigualdad señores y señoras, refiere a la plena y única verdad y se
llama VOLUNTAD, porque es la falta de ella, la que vulnera a las
personas desencadenando la explotación y monopolio, privilegios y
ventajas de oportunidades, que les son negadas arbitrariamente a los que
tienen menos, esa es la problemática central en la generación de
desigualdad y su eterna reproducción.
“La
brecha digital, a diferencia de la de los libros, tiene tres maneras
diferentes de ser analizada: la de acceso, la de uso y la de calidad de
uso”.
https://educacionabierta.org/la-brecha-digital-hace-que-las-desigualdades-preexistentes-se-agranden/