“Caminando hacia una nueva Constitución” (Parte I)

Caminar
hacia una nueva Constitución es, sin lugar a duda, uno de los
acontecimientos más importantes que tendremos en la vida político
institucional de nuestro país, tanto por el hecho que marcará nuestro
destino por los próximos 40 o 50 años, como por implicar una prueba de
educación cívica, donde debemos aprobar en los temas de respeto,
tolerancia, discusión respetuosa, comprensión de otros puntos de vista y
empatía, si queremos construir una carta fundamental que nos represente
a todos.

También
debemos superar la mirada política que se tenía en el siglo XX y evitar
mirar este histórico acontecimiento, únicamente desde la perspectiva de
la izquierda o de la derecha, por legítimas que parezcan, debido a que
la empresa que llevaremos a cabo, implica recoger y aquilatar el alma de
Chile con una mirada actual, del siglo XXI.

Las
constituciones democráticas de los países consolidados cultural y
políticamente, son fruto del acuerdo de quienes conforman su pueblo,
quienes libremente deciden darse un orden jurídico superior determinado y
respetado. Nacen de un pacto político que es voluntad de muchos. Este
pacto refleja lo que el Cardenal Silva Henríquez, tan acertadamente
denominaba “el alma colectiva de un pueblo”. Explicando que “la Patria
no se inventa ni trasplanta, porque es fundamentalmente alma. Un alma
colectiva de un pueblo, de consenso y comunión de espíritus que no se
pueden violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos
pocos”.

Actualmente,
estamos ante un llamado a construir entre todos -ciudadanas y
ciudadanos- una nación de hermanos que convivan en una misma casa que es
nuestra Patria Chile. Esto simboliza con fuerza el llamado a concebir
una Constitución que nos interprete e identifique como Patria o Nación,
que sea verdaderamente la Casa de Todos.

Las
Constituciones suelen tener, por lo general, al menos 5 partes
identificables: a) Preámbulo, b) Parte Dogmática, c) Parte Orgánica, d)
Procedimiento de Reforma de la Constitución y e) las Disposiciones de
carácter Transitorias.

En
el plano de los Principios, deberíamos aspirar a una Carta Fundamental
con principios y valores que sustenten nuestro sistema democrático y que
le dan sentido a la idea del Estado poniendo como centro la dignidad de
la persona humana.

Tengo
la convicción profunda que se debería proponer integrar los principios
de solidaridad y subsidiaridad, en beneficio de las personas y de los
cuerpos intermedios. Así también, los principios del bien común y
protección a las familias, entre otros.

Como
Chile es un país que forma parte de un continente y del concierto
internacional de naciones, además de una Constitución acorde a la
legalidad interna, también debe contener normas que estén en
concordancia con el principio de reconocimiento de la universalidad y el
respeto irrestricto de los Derechos Humanos contenidos en los diversos
tratados internacionales, suscritos y ratificados por Chile y que han
pasado a formar parte de nuestro ordena
miento interno.

En
síntesis, se debe proponer un Estado Social, Humanista y Democrático de
Derecho. Un país maduro, está conformado por ciudadanos con un claro
sentido del deber cívico. En nuestro caso, implica dar continuidad a
nuestra tradición republicana y democrática. Para ello, se debe asegurar
y garantizar correctamente los derechos y libertades públicas asociadas
a derechos civiles y políticos. Al mismo tiempo, implica que los
ciudadanos deben tener conocimiento tanto de sus derechos, como de sus
deberes, para mantener el equilibrio social. Finalmente, para tener una
Constitución moderna, se hace necesario proteger el derecho a la
igualdad ante la ley y la abolición de las diversas formas de
discriminación entre hombre y mujeres en todos los ámbitos, para que -de
igual manera- puedan aspirar legítimamente a su mayor realización.

(Continuará).

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