Camino al infierno

En los tiempos refundacionales
que vivimos, es oportuno recordar que las principales instituciones que
norman y regulan nuestro comportamiento en sociedad son de origen
espontáneo.

En
efecto, el lenguaje, el mercado, el dinero, el derecho y la moral no
fueron creadas por alguna mente humana o un grupo de pensadores
iluminados, sino qu
e
son el fruto de un largo proceso evolutivo, en el que se fue
absorbiendo el aporte que desde el inicio de los tiempos vienen haciendo
personas de diferentes generaciones.

Cuando
por fin pudimos dejar atrás nuestros instintos como única base de
convivencia, los distintos grupos humanos fueron construyendo sus
propios marcos regulatorios de convivencia. Unos resultaron mas
efectivos que otros, por lo que naturalmente se fueron seleccionando las
pautas de conducta más exitosas que se extendieron por medio de la
imitación y el aprendizaje. Así se formó la tradición, que no es
estática, sino que sigue experimentando cambios con el aporte de cada
nueva generación. Esa gradual sustitución de las respuestas innatas por
respuestas aprendidas es lo que nos distingue de los animales.

Las
normas de conducta son restrictivas (“no se puede hacer tal cosa”) y
chocan con nuestros más arraigados instintos, lo que alimenta un
continuo conflicto contra esas “represivas e inhibitorias tradiciones
morales”. Las religiones han jugado un rol muy importante como
guardianes de la tradición, pero por distintas razones su influencia se
ha estado diluyendo lo que, sumando al racionalismo y al utilitarismo,
amenaza desde algún tiempo el marco normativo sobre el que descansa
nuestra civilización.

El desafío surge desde individuos muy cultos e inteligentes, que por lo mismo sobre valoran la
razón y desprecian la tradición. No consideran que el entramado
normativo que heredamos incorpora la información, experiencias y
conocimientos de toda la humanidad que nos ha precedido y sobrepasa por
mucho su capacidad de comprensión. Desconocen que es precisamente
nuestra sumisión a esas molestas normas lo que hace posible el orden de
cooperación social y pretenden rediseñar todo
nuevamente
desde cero, agregando el calificativo de “democrático” para vencer
resistencias. Cuentan para ello con el apoyo de las masas impulsivas,
siempre disponibles para eliminar barreras que les permita desplegar sus
in
stintos
mas básicos. Sufren lo que Hayek denominó la “fatal arrogancia” de
considerar que ellos son más capaces que toda la humanidad que los ha
precedido seleccionando aquellas conductas que mejores resultados han
dado. Pretenden diseñar u organizar desde cero cualquier área del
entramado de interacciones humanas que constituyen el mercado y la
sociedad, como es el caso de imponer el reemplazo total de la
Constitución.

El
profesor de derecho de la Universidad de Chile Claudio Palavecino, nos
ha advertido que “la tragedia de Chile es que cada vez hay más sober
bios
o ilusos que creen que el paraíso en la Tierra se alcanza con un buen
plan y mucha voluntad. Pero ese ha sido siempre el camino al infierno”.

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