Despejadas las dudas sobre el apruebo o el rechazo y confirmada la voluntad ciudadana de modificar la Carta Magna, viene el trayecto más importante a recorrer, el cual requiere primero que todo, de la elección de los representantes que harán de voz de los clamores populares y que tendrán la misión más sagrada de un país democrático, esto es, la redacción de una nueva Constitución Política de la República.
Atrás deberán quedar los discursos del pasado y los rencores que nos dividieron por casi medio siglo, porque el ideal del constituyente es legislar para Chile, construir las bases de un nuevo país y para las generaciones que vendrán, mucho más allá de nuestras propias experiencias personales y las cicatrices que nos ha dejado nuestra vida.
Hemos marcado un Hito que será parte de los libros de historia, será nuestra misión contar a nuestros descendientes porqué tomamos esta decisión y cual es el proyecto de país que queríamos forjar al momento de votar por una nueva Constitución.
En una opinión estrictamente personal, creo que nuestros Constituyentes debiesen ser ciudadanos electos por sus reales capacidades y conocimiento, y no por su popularidad, esto no es una elección del “mejor compañero”, es una elección del más capaz, quien tenga una visión de Estado con miras de futuro, y que posea las herramientas y los laudos suficientes, como para plantear propuestas con fundamentos y no con meras aspiraciones.
Me ha llamado la atención, que se están postulando personas de la farándula o sin la instrucción suficiente, esto no es algo menor, es nuestra Constitución, es por así decirlo, “la madre de todas las leyes”, en base a lo que aquí se diga se modificaran tácitamente muchos cuerpos legales, lo que directa o indirectamente alterará la institucionalidad presente hasta el momento en nuestro país.
Debemos elegir a quien represente nuestras ideas, por cierto, pero también debiese como en cualquier trabajo -ya que es muy bien remunerado-, exigirse a lo menos un curriculum, y ser nosotros -como sus futuros empleadores-, quienes califiquen al igual como lo hacen cuando postulamos a uno, si son o no aptos, o solamente tienen bonita labia y ninguna base de fondo. De lo contrario su participación se verá sobrepasada por cualquier erudito electo, quién a través de su conocimiento, cierre los debates a su entera conveniencia, ante la falta de argumentos para poder defender la posición contraria.
En la base de esta nueva institucionalidad, debemos luchar por la representatividad en la convención constituyente, incluyendo a los pueblos originarios, a los independientes, respetar la igualdad de genero y personas con capacidades reducidas. Esta Constitución debe ser la voz de todas y todos, cuestión que lamentablemente no quedó totalmente zanjada antes de llamar a reformar nuestra Carta Magna, y que ya esta siendo un problema grave para el mundo político, quienes están siendo requeridos por las minorías, a asegurarles determinados escaños en la convención constituyente.
No debiese exigirse un quorum mínimo para la postulación de los independientes, ya que son ellos precisamente quienes más tienen que aportar, al estar fuera de toda convicción política, que como sabemos, en vez de unirnos, nos separaba cada vez más.
Hago un llamado a quién me lea, a que cuando deba votar por su constituyente, lo haga a conciencia, y que se preocupe que tenga los conocimientos suficientes para embarcarse en la más noble labor de una nación, como es sentar las bases del nuevo Chile, que piense en los hijos de sus hijos, ya que ellos van a crecer sobre los cimientos de lo que nosotros forjemos en el presente.