Al
momento de entregar esta columna, el último reporte del Ministerio de
Salud sobre el coronavirus COVID-19 arroja cifras desalentadoras. Casi
cuatro mil nuevos contagios y cuarenta y cinco muertes en un día; sin
duda las peores cifras hasta ahora y con todo indicando que aún no
llegamos al esperado peak. De esta manera estamos entrando a la fase más
dura de la pandemia con el foco puesto en la Región Metropolitana,
donde la cuarentena total decretada por la autoridad sanitaria comienza a
desbordarse por el flanco social y se avizora el temido colapso de las
camas críticas. Se trata de un panorama muy preocupante, sobre todo
considerado que nadie sabe a ciencia cierta cuándo acabará todo esto.
Sin embargo, a esperas de ese balance final, ya estamos en condiciones
de ir sacando un par de lecciones para el futuro, en donde la tecnología
tendrá un papel clave. Partamos por el mundo laboral. Si bien aún
genera muchos resquemores en ciertos sectores, lo cierto es que la
irrupción del COVID-19 solo vino a acelerar el proceso de instalación
del teletrabajo que ya estaba en curso. Es cierto que la legislación
deberá irse adaptando a la experiencia diaria y corregir donde haya
abusos, pero la evidencia ha demostrado que es perfectamente viable esta
nueva forma de trabajo que además genera externalidades positivas,
como, por ejemplo, disminuir el desplazamiento urbano, reduciendo la
congestión vial y los niveles de contaminación atmosférica asociados.
Más que el cambio tecnológico que supone el teletrabajo, lo que aún
queda por delante es el cambio cultural que implica. Trabajar desde la
casa no se puede confundir con la disponibilidad permanente de las y los
trabajadores. La “desconexión” no solo debe operar para los días de
descanso, sino que también para ciertos horarios. Por otra parte, la
repartición equitativa de las labores domésticas entre hombre y mujer
cobra un nuevo sentido, ya que se ha demostrado que a sus tareas
profesionales vía remota, las mujeres siguen llevando la mayor carga en
cuanto a las labores domésticas. Respecto de la salud debemos sacar
valiosas enseñanzas y después de la pandemia nuestro sistema sanitario
no puede seguir siendo el mismo. Procesos en ciernes como la
telemedicina deben potenciarse y funcionar desde las intervenciones
quirúrgicas hasta la atención primaria. Resulta imprescindible avanzar
hacia sistemas de información en línea que permitan acceder al historial
médico de cada uno de nosotros y que, esa misma información, facilite
planes de salud que apunten efectivamente a una medicina preventiva más
que curativa. Manejar más y mejores datos también nos permitirá
reaccionar más rápido y mejor ante nuevos virus que, todo indica,
surgirán en algún momento. No es descabellado pensar en cuarentenas
programadas por sectores y grupos etarios que, por ejemplo, impidan que
los consultorios se atesten de niños y ancianos con problemas
respiratorios durante el invierno. Esto debería ir de la mano con ayudas
sociales específicas y sistemas laborales más flexibles que consideren
las variables sanitarias, en el entendido de un sistema que conjuga
distintas variables. El proceso de digitalización del aparato estatal
debe acelerarse y adaptarse a las distintas realidades de las personas.
No es posible que hoy en día nuestros adultos mayores estén obligados a
exponer su salud y seguridad yendo a retirar sus pensiones u otros
beneficios de manera presencial. De igual manera, muchos trámites que
hoy solo pueden realizarse en persona deben poder hacerse por vía
electrónica con todos los resguardos y las facilidades necesarias para
que cualquier contribuyente los pueda utilizar. Al igual como ocurrió a
principios del siglo pasado con la denominada “gripe española” que fue
mucho más letal que el COVID-19 -se estima que murieron cincuenta
millones de personas-,
y que generó el surgimiento de los sistemas públicos de salud, hoy nos
toca sacar las mejores lecciones de esta pandemia. La tecnología es sin
duda una gran aliada, siempre y cuando la pongamos al servicio de las personas y nos adaptemos rápidamente a una nueva forma de hacer las cosas.