Una
chusma empoderada, enardecida, exaltada por las opiniones desmedidas de
exfiscales, abogados y peritos, con afán de protagonismo, han funado la
casa del imputado Martín Pradenas, que antes del juicio ya ha tenido la
peor de las penas, la del banquillo, ya no es importante si hubo delito
de violación o fue una relación consentida en un carrete donde la
presunta victima bebió hasta que se le apagó la TV. Por cierto,
conmueve el dolor de la familia de la victima, el problema es otro –la
seguridad jurídica- gravemente comprometida en este episodio, y el
peligro que entraña este comportamiento inconsciente para todos los
operadores jurídicos. ¿Qué le puede ocurrir a un abogado defensor? , al
Juez o a un Fiscal incompetente o que simplemente no satisfizo a la
chusma inconsciente, al parecer no ha cambiado mucho la chusma a la
cual le hablaba el Presidente Arturo Alessandri hace un siglo, quien
apelaba a su querida chusma y estos lo aplaudían a rabiar, votando con
fervor por el León que sacaba a relucir su más primario entusiasmo. Las
redes sociales, la TV, establecen una diferencia sólo de medios, pero
la superficialidad es enorme, la frivolidad con que opinan abogados y
quienes han tenido la responsabilidad de ser fiscales resulta del todo
inaceptable. Nadie asume la responsabilidad por el Juez y su familia,
por el abogado defensor cuya única responsabilidad quizá fue, dentro de
las reglas del juego propias de un Estado de Derecho, defender a su
cliente y hacerlo mejor que el Fiscal, que por cierto dispone de más
recursos legales y materiales que la defensa, generalmente, en una
auténtica asimetría ante la ley, que resulta en algunos casos altamente
cuestionable, pues se trata de reformas precipitadas que sólo han tenido
como finalidad satisfacer a la calle, o estar en sintonía con la
chusma, olvidando que ésta en su morbo nunca se satisface plenamente.
Llegar a las vísceras es más fácil que apelar a la razón y a la
templanza debida, es comprensible que la familia afectada, altamente
perturbada, reaccione inclusive en forma violenta o agresiva, los
operadores jurídicas
y la justicia, se supone, han sido disciplinados para conservar la
mesura. Agrava la situación el rol creciente que tiene la crónica roja,
que ahora dispone de medios capaces de mover multitudes, de conmover
hasta las lágrimas, ya no sólo con una portada, sino que estimulando
funas, otorgando protagonismo a las huestes de cualquier causa,
concediendo un preciado minuto de TV, para que cualquier aventurero
tenga un minuto de fama sosteniendo cualquier imbecilidad. Entre tanta
reforma, hace falta una con urgencia, otorgar debida protección al
honor, a la honra de las personas y sus familias, no resulta posible en
democracia ocuparse del “guaguicido” o de un perro que se atropella por
accidente con la afectación al honor que es peor que el robo o el hurto
de una bicicleta, porque ésta se recupera pero la honra y el prestigio
no siempre, permanece ese residuo de incomprensión que se ampara en la
maledicencia reinante –quizá algo hubo- , capaz que al Juez le pagaron, o
hubo influencia política, o simplemente para el pobre no hay justicia,
cualquier expresión que despierta el odio y el resentimiento sirve. La
responsabilidad de los abogados en enorme, la prudencia y el decoro que
deben observar en sus actuaciones, ser respetuosos de las reglas y
procedimientos hasta que nos duela, lo mismo los jueces y fiscales, un
juez que quiere hacer justicia al margen del derecho prevarica y un
fiscal imprudente que busca un ascenso fácil, notoriedad y quizá
proyección política no puede tener cabida en democracia, donde la
seguridad jurídica es más importante, inclusive, que la supuesta
justicia material de un caso concreto.