Frente a una situación que es nueva y amenazante como la que actualmente vivimos no es raro que predomine el miedo, el cual tiene un carácter adaptativo, puesto que su misión es la protección. Actúa como una verdadera alarma y anticipa una amenaza o peligro. Activa la vigilancia, incrementa la precaución, hace que nos protejamos. Prepara a la persona para huir o mantenerse inmóvil. El miedo ayuda al ser humano a adecuarse y a responder a los cambios del entorno como por ejemplo: tomar medidas preventivas frente al Coronavirus
Sin embargo, esta emoción puede transformarse en patológica y podría desencadenar entre otros aspectos las crisis de pánico. Las que son ataques repentinos y repetidos de miedo que duran varios minutos o más. Se caracterizan por temor a los desastres o miedo a perder el control, incluso cuando no hay un peligro real. También se puede tener una fuerte reacción física durante un ataque de pánico, inclusive la persona puede sentir como si fuese a tener un ataque al corazón. Estas crisis pueden ocurrir de forma imprevista .Incluso una persona que padece este tipo de trastorno no puede llevar a cabo rutinas normales como ir a la escuela o trabajar, ir de compras o conducir.
Una ventaja que tenemos los seres humanos, es que las emociones pueden moderarse a través del pensamiento. Estos últimos pueden acrecentar el miedo o bien transformarlo en más racional y ponderado.
Por lo cual resulta imprescindible aprender a cuidarse de los pensamientos no razonables y perjudiciales tales como: sacar conclusiones de una situación que no está apoyada por los hechos: un ejemplo de ello es: ¨La pandemia nunca va a finalizar¨ .Esta aseveración es falsa, porque en otros momentos históricos han existido pandemias y todas han tenido un inicio y un final. Igualmente hay que cuidarse de aquello que se llama: anticipaciones negativas. Es decir, esperar que las cosas salgan mal sin tener pruebas suficientes para ello como: ¨Nada podrá controlar la pandemia¨. Lo que es injustificado. Del mismo modo las generalizaciones excesivas pueden provocar mucho deterioro, la cual consiste en creer que si un hecho ha ocurrido alguna vez, ocurrirá muchas veces: por ejemplo: ¨Se contagió el vecino. Entonces, todos nos vamos a contagiar¨. Esta afirmación también es errada, porque no todas las personas se contagian. A la par el pensamiento dicotómico puede generar perjuicio. Es decir, la tendencia a clasificar todo en dos categorías extremas y opuestas: todo o nada, bueno o malo, donde no se aprecian categorías intermedias. Un ejemplo de ello es: ¨Todas las personas que se contagian se mueren¨ Tambien esto es un yerro, porque hay muchas personas que se contagian y se sanan.
En contraposición al miedo tenemos la alegría, la cual genera sensaciones de bienestar y seguridad, mejora lazos sociales y ayuda en la superación del miedo. La alegría se puede inducir voluntariamente mediante pensamientos positivos. Por lo cual es posible concluir que: la realidad que construimos y que vivimos los seres humanos se genera principalmente en nuestra mente.