La frustración es una respuesta emocional que se está desplegando de forma habitual en nuestro medio. Dado que se produce cuando una persona no alcanza lo que desea. Durante la cuarentena hechos como: el no poder salir de compras a pasear o juntarse con amigos cuando se pretende. Estas y otro tipos de situaciones similares originan frustración. A su vez la emoción asociada a lo recién descrito es la ira. La cual se puede expresar insultando, arrojando objetos e incluso agrediendo físicamente ya sea a otras personas o a uno mismo.
Entonces: ¿Por qué algunas personas que están enfrentadas la misma situación no sucumben frente a la ira?
Lo que ha descubierto la psicología es que el problema no está en el exterior, sino en cómo reaccionamos ante este. Es decir, depende de la manera de interpretar las situaciones. Cuando se está sumergidos en una realidad, está por sí sola no tiene ningún valor emocional, es la apreciación personal que se hace de ella la que le confiere un significado. De esta manera, las emociones están en función de los pensamientos, así que cuando se interpreta una situación como un abuso, una injusticia, una falta de respeto o como un obstáculo para conseguir una meta, se desencadena la ira.
Frente a la situación que se vive, pensamientos del tipo: “esto es intolerable”, “cómo se atreven a tratarme así” “pero quién se creen que son”, “la autoridades se empeñan en ponerme trabas” etc., Son ideas que se transforma en el combustible perfecto para aumentar la frustración y prolongar los sentimientos de ira, acrecentando la posibilidad de comportamientos de tipo agresivo.
Las emociones no se pueden cambiar, pero como la emoción y pensamiento van tan juntos, si se cambian el pensamiento se puede regular tanto las emociones como las acciones.
Se sabe que en nuestra mente no pueden coexistir pensamientos opuestos (negativos y positivos a la vez). Es lo mismo que en el plano físico no se puede estar sentado y parado a la vez.
Para controlar las emociones desde el pensamiento se hace de la siguiente forma: cuando empiece a notarse alterado, preste atención a los pensamientos que está teniendo, e identifique las connotaciones negativas que tienen para Ud. Una vez realizado este pequeño análisis, dese órdenes a Ud. mismo que permitan la interrupción del pensamiento que evoca la emoción, como: “¡Pare!”, “¡Basta!”. Tras este auto instrucción sustituya los pensamientos detectados como negativos por afirmaciones positivas.
Cuando recién se empieza con esta práctica, es mejor anotar cada pensamiento negativo y el pensamiento que lo substituye. Por ejemplo: “esto es intolerable” (nocivo) ¨es una oportunidad de compartir más con la familia (positivo).
Una vez hecho esto hay que ponerlo en práctica y cada vez que aparezca el pensamiento negativo se podrá cambiarlo por uno positivo de manera casi automática. Esto que parece tan simple conseguirá disminuir la ira y sus efectos.
La única dificultad de esta técnica es que se necesita práctica, para identificar los pensamientos que despiertan las emociones negativas y convertirlos en positivos. Si se logra esta destreza y se incorpora dentro del repertorio de conductas, es muy probable que se logre un mayor control de todas las emociones y no solo de la ira.