Que
tiempo ha pasado desde ese discurso con convicción, con ideología, con
consecuencia y sin falsos “renunciamientos”, que la derecha chilena
tenía en los albores de la década de los setenta y que, siguiendo a una
pléyade significativa de líderes jóvenes y mayores, mujeres y hombres,
con plata y sin plata, del Liceo o de colegio particular; permitió
enfrentar con valentía y con convicción la más grave crisis
institucional, política, social y económica que vivió nuestra Patria en
plena Unidad Popular de la mano de Allende, el aprendiz de guerrillero y
dilecto alumno de Fidel, el dictador sempiterno.
Hoy,
cuando enfrentamos otra enorme crisis institucional político, social y
económica, vemos y lamentamos el cómo ésa derecha, póngale el adjetivo
que quiera, se dispersa se des-mistifica, se gira a la izquierda
(social-demócrata le ha llegado a llamar más de alguno) y queda ausente
de liderazgos sólidos como los tuvimos nosotros. No tenemos a los Jarpa,
Ibañez, Bulnes, Ossa, Guzmán, Oyarzún, Duran, ni incluso el Allamand
con que disputamos la FESES pero que se nos “desapareció”, o hizo su
travesía por el desierto.
Por
eso, no son de extrañar declaraciones desafortunadas como las de
Gabriel Vega, que en realidad no son necesariamente su culpa, sino que
son fruto de que la formación ideológica, política e histórica no ha
sido hecha por su partido correctamente, sino que ha sido hecha desde el
discurso negacionista de la izquierda violentista, que ha ocultado
sistemáticamente el generalizado uso de lo violencia (incluida la
armada) durante los Mil Malditos Días de la Unidad Popular. Nadie se
despertó el 11 de septiembre de 1973 porque hasta el día anterior no
había pasado nada y decidió tomar el poder con la fuerza de las armas y
poner fin a un gobierno. Fue porque había faltado a su deber
constitucional reiteradamente, exponiendo al país a un desenlace
fratricida facilitando la creación de un ejército paralelo y dispuesto a
instalar por la fuerza una dictadura marxista.
Lo
he querido señalar porque, con el discurso del otro, que habla de la
“extrema derecha” hacen que mucha gente de nuestro propio sector, que
puede ser más o menos liberal o puede ser más o menos conservador, cree
que ser conservador es ser de “extrema derecha” y le endosan el
calificativo en forma negativa y como si fuese un enorme pecado capital,
lo hacen ver y quedar como algo alejado del juego democrático legítimo,
que siempre hemos enfrentado y desarrollado.
Así,
olvidan que los factores realmente importantes y relevantes que todas
las vertientes de la derecha comparten, libertad personal, libertad
económica, derecho de propiedad, familia como núcleo fundamental de la
sociedad, respeto a la vida, respeto a la nacionalidad y sus valores
patrios, sistema democrático, verdadera opción por los pobres como lo
decía incansablemente Jaime Guzmán, son principios que siempre nos
debiesen unir y todos tenemos.
Por
eso, el “zurderío”, crea palabras y denominaciones y mete la cizalla
entre nosotros. Cuando la formación política no es sólida y no va más
allá de los militantes “tipo encuesta” y con “caciquerío” pernicioso,
los partidos terminan saliendo de su “nicho” y ahí, se pierden. Le pasó a
los radicales, a la democracia cristiana y ahora le está pasando a RN y
también a la UDI.
Por eso es importante no funcionar “con el discurso ajeno”. Quedarse en el “nicho”.