Confección y reparaciones

Soy un lector sin agotamiento.

Desde niño.

Me
nutrí con grandes escritores y periodistas: Daniel de la Vega, Pablo
Neruda, Lenka Franulic, Gabriela Mistral, Luis Sánchez Latorre,
Guillermo Blanco, Homero Bascuñán y Alfonso Calderón, entre muchos.

Incorporo
a los grandes autores latinoamericanos: Gabriel García Márquez, Mario
Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Octavio Paz y José Donoso.

Devoré las críticas literarias de Hernán Díaz Arrieta, Alone.

Seguí a los inevitables ingleses, españoles y rusos.

Y la prosa sagrada de la Biblia.

Esos antecedentes para ser magistrado de letras, en la confección y reparación de textos.

Aparte de mi trayectoria periodística en diarios y revistas, impartí clases en cuatro universidades.

Principalmente en la Católica –donde me formé- y en la Diego Portales.

Mi pasión se une a las reflexiones.

Intento que mis columnas sean venero de quienes me leen.

Corrijo con persistencia, reiteradamente.

En español – que se practica al menos en 22 países – los días, meses y estaciones del año se escriben con minúsculas.

Salvo en el comienzo de un párrafo.

En plural los dos últimos días es pertinente: un par de sábados, los domingos.

Con frecuencia en la publicidad no respetan este acuerdo.

Defiendo la comunidad idiomática iberoamericana.

Me doy cuenta de que a menudo reporteros y animadores repiten una falta de la palabra.

A riesgo de la majadería, no termino de censurar la redundancia hace años atrás.

Inaceptable desde mi punto de vista y no bajo el punto de vista, porque así no se vería.

Me incomoda oír: “Ingresó al interior”. Si es ingreso no puede ser al exterior.

Lo
mismo cuando leí una crónica con dos firmantes, que confunden rebelar
con revelar. El primero indica rebeldía; el otro, dar a conocer algo o
descubrir.

A propósito: se habla de manifestaciones en la plaza Baquedano.

¿Manifestaciones de qué?

Hay listas de redundancias. Espero que no caigamos en ellas.

El público que me lee busque las faltas en radio, televisión, diarios y revistas, incluso en libros.

Muchos
escriben “sonrisa en los labios”. En la Escuela de Periodismo, mi
profesor Nicolás Velasco del Campo era sarcástico: “¿Puede ser en la
guata?”.

Tal vez eso desentrañaría el misterio de la Mona Lisa.

Son ciertos datos de mi taller de confección y recortes.

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