Conservación en tiempos de pandemia

A
medida que el Coronavirus invade al planeta, dejando sufrimiento,
pérdidas e incertidumbre a su paso, recordamos que esta no es la primera
pandemia mundial y tampoco será la última. Esta contingencia nos llama a
actuar en varios niveles. En primer lugar, a actuar colectivamente para
poner fin a la crisis de salud. Pero cuando estemos avanzando hacia la
recuperación, nuestra respuesta a largo plazo debe incluir un cambio
radical en nuestra relación con la tierra.

A
lo largo de la historia humana, hemos tenido una zona de amortiguación
de enfermedades mortales como Covid-19: grandes extensiones de
naturaleza intacta. Al arrasar los bosques, destruir otros hábitats
naturales y al reemplazar las especies nativas con especies domésticas e
invasoras, hemos desplazado estos patógenos de sus huéspedes naturales y
hemos facilitado su transmisión a las poblaciones humanas.

Cada
uno de nosotros, directa o indirectamente, ha experimentado el caos
generado por la destrucción de la naturaleza. ¿Pero qué pasa con el
sufrimiento dentro del mundo natural? Un millón de especies animales y
vegetales están en peligro de extinción, debido en gran parte a la
pérdida de su hábitat natural. Los humanos hemos alterado severamente el
75% de la tierra y el 66% de los océanos, según el informe  del IPCC
Cambio Climático y Tierra  (2019).

Para
contrarrestar este caos, hay que buscar soluciones de fondo. La
conservación y el rewilding (o restauración ecológica) forman parte de
esas soluciones, al igual que el desarrollo a mayor escala de economías
regenerativas locales, un mayor empuje al uso de energía renovables ya
la agroecología. Tenemos que aprovechar esta terrible crisis que estamos
viviendo para cambiar nuestra forma de desarrollarnos, ya que el
planeta, y la humanidad inmersa en la naturaleza, no pueden sostenerse
en este modelo decrecimiento infinito, sin límites.

Tenemos
que tomar acciones concretas a nivel local, nacional y global para
salvaguardar el mundo natural y ayudar a restaurar los ecosistemas para
que estén completos y en funcionamiento. Solo podemos lograr el
equilibrio ecológico cuando se restauran las especies nativas que han
desaparecido. La pandemia mundial generada por el Covid-19 es una
evidencia clara de que somos parte de un mismo planeta y que los
desequilibrios nos afectan a todos, sin importar el lugar en que
vivamos.

La
reducción temporal de las emisiones de gases de efecto invernadero
producto de las cuarentenas nos ha demostrado que es posible tomarlas
medidas necesarias para vivir de manera diferente, más consciente, y así
lograr una mejor calidad de vida. Tenemos la oportunidad de devolver el
equilibrio al planeta, aprovechando esta pausa en nuestras vidas -con
las terribles consecuencias que ya conocemos- para comprender que se
requiere una nueva normalidad.

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