Conservación marina

En
el día mundial de los océanos que se celebró el 08 de junio, varias
noticias de distintas índoles y organizaciones surgieron en torno a la
preocupación de este ambiente, en particular sobre los desafíos que
Chile tiene en cuanto a la conservación marina.

Sin embargo, muchas de estas opiniones fueron enfocadas a la necesidad de conservar mediante algún elemento normativo
ciertos espacios marinos, protección que permite cumplir con algunas
metas que nuestro país tiene ante la comunidad internacional, que es el
de proteger el 10% de la biodiversidad marina. Con lo anterior, se
refieren a los parques marinos, reservas marinas y áreas marinas y
costeras protegidas (AMCP).

Así,
parece que diferentes entrevistados han descubierto el hilo negro, en
el sentido de que las áreas marinas protegidas en Chile, que cubren
actualmente cerca del 43% de la superficie de la zona económica
exclusiva -el 90% de esta superficie protegida son de índole oceánico-,
son de papel faltando su implementación efectiva; es decir, Chile cumple
con proteger legalmente áreas marinas, pero hasta ahí llega el ímpetu
del compromiso de la conservación. Pero esto no es nuevo ya que, en
diversas ocasiones, incluyendo varias columnas de opinión emitidas por
Fundación CEQUA, se ha reiterado de que estás áreas marinas se
encuentran decretadas en el papel, y en la gran mayoría de los casos sin
una implementación o plan de manejo y administración de las mismas.

No
hay que ir tan lejos para ver la falta o ausencia de implementación en
ellas. El AMCP Francisco Coloane y Parque Marino del mismo nombre, que
fue la primera en su clase en el país, continúa sin ninguna
implementación efectiva de su resguardo después de 16 años de haberse
decretado, aun cuando un Plan de Administración y Gestión fue elaborado
en su entonces.

Efectivamente,
la implementación de esas áreas marinas que ya están protegidas en el
papel no es cosa de un día para el otro, pero tampoco para dejar pasar
años, ya que significa disponer de recursos financieros, y no algunas
pocas lucas sino que grandes montos de dinero; más aún si estas áreas
marinas se encuentra lej
os
de todo, como es el caso de las gigantes áreas oceánicas de Rapa Nui,
archipiélago de Juan Fernández y Salas y Gómez, cubriendo solo esas tres
zonas cerca del 90% de la superficie marina que Chile decretó bajo
protección para cumplir ante la comunidad internacional.

Algunos
piensan que la falta de implementación se debe al “largamente
postergado proyecto que crea el Servicio de Áreas Protegidas y
Biodiversidad de Chile, el cual duerme eternamente en el Congreso” o
“que el Estado debe destinar recursos económicos para ello”. Sin
embargo, la conservación marina no pasa por tener o no un Servicio de
Áreas Protegidas y Biodiversidad, o que el Estado sea la única que debe
destinar recursos económicos; ya que la conservación marina es tarea de
todos, de cada escolar, ciudadano, padres, científicos, empresario,
etc., y que va más allá de los servicios estatales que por atribuciones
tienen la tuición de estas áreas, como el Ministerio de Medio Ambiente y
la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura.

La
conservación marina debe comenzar por nosotros mismos e independiente
si está o no protegido en un papel firmado. Toda acción de reducir la
contaminación, reducirla extracción irracional de recursos, e incluso el
de recoger un papel o un plástico en la calle para que no llegue al
mar, es una suma que a granito a granito va convirtiéndose en una
contribución significativa para conservar y resguardar ese mar que nos
baña y nos provee de alimento y armonía a nuestras vidas.

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