Covid-19: genética humana en búsqueda de vacuna

La
búsqueda de una vacuna y posibles tratamientos contra el nuevo
coronavirus SARS-CoV-2 se ha convertido en el principal objetivo de la
comunidad científica internacional. En este contexto y, tal y como ha
recordado en numerosas ocasiones la Organización Mundial de la Salud
(OMS), la ampliación de los conocimientos sobre este virus es la base
fundamental para conseguir poner fin a una pandemia que ha puesto en
jaque a los sistemas sanitarios, economías y sociedades de todo el
mundo. En este escenario en el que por el momento reina la incertidumbre
a pesar de los pequeños pasos que consiguen darse, algunos expertos han
sugerido en las últimas semanas que nuestros genes podrían
predisponernos a la hora de ser infectados por el SARS-CoV-2 y
desarrollar la enfermedad Covid-19. En este sentido, indica que no está
claro por el momento “de qué forma ni en qué cantidad cada uno de los
factores genéticos influyentes en la infectividad del virus”. Se sabe
que la mayoría de los infectados son personas mayores y/o con
complicaciones, pero aun así hay jóvenes que, sin agravantes conocidos,
todavía se contagian e incluso desarrollan fatalmente la enfermedad.
Motivo por el que resalta la necesidad de establecer una comparación
genética de los individuos jóvenes más susceptibles, así como de sus
familiares, para comparar los resultados con aquellos que han dado
positivo de forma asintomática, “siempre que ambos grupos no exhiban
otros factores de riesgo”. Ante la rapidez con la que el nuevo
coronavirus se ha extendido en todo el mundo hemos querido profundizar
en el papel que juega la configuración genética ante este tipo de
enfermedades. Esta se erige como elemento “significativo en la
susceptibilidad del virus a causar estragos en el paciente”, aunque “a
un nivel más holístico, también en la forma de ser curado”. En este
sentido matiza que la genética influye en la forma en la que
metabolizamos los medicamentos. Motivo por el que indica que, cuando se
cuenten con fármacos específicos para combatir el virus, “la genética
influirá en la forma en la que responderemos al tratamiento”. “También
la genética tendrá un papel en el desarrollo de patologías que
compliquen o propicien la infección; por ejemplo, enfermedades
respiratorias como asma o incluso cardiovasculares o la diabetes misma.
No se puede nunca sacar a la genética fuera del contexto del historial
médico del paciente, pero es una herramienta más que puede ayudar a
esclarecer el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como el
SARS-CoV-2”. No debemos olvidar tampoco la genética del propio virus que
es una de las claves para determinar su capacidad infectiva. “Se sabe
que versiones muy parecidas a la cepa del coronavirus de Wuhan se
observan en especies como el pangolín o el murciélago. No es nuevo
tampoco la sospecha de que en especies así habría reservorios que
podrían saltar a la población humana, eventualmente. Como todo agente
vital, pues, el coronavirus está sujeto a las leyes de la genética y su
variabilidad afectará su infectividad y expansión por el mundo”. En
relación a las personas que han conseguido superar el virus que no solo
sus genes son fundamentales a la hora de desarrollar una posible vacuna,
“sino también las regiones del genoma que dan lugar a modificaciones en
la expresión y regulación (regiones no codificantes o factores
epigenéticos) de genes implicados en la susceptibilidad al virus”. Pero
la clave está en tener la cantidad de datos genéticos suficientes para
describir a dichos pacientes de una forma estándar y accesible para su
análisis computacional, y así poder realmente encontrar las claves
genéticas influyentes en el desarrollo de una vacuna.

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