Cuando se pierde la vergüenza

Comenzó la campaña legal con propaganda para el plebiscito del 25 de octubre. El jueves hubo más de 140 contagios de Covid-19 en Magallanes, y Concepción y Talcahuano próximos a iniciar cuarentena total, mientras otras muchas comunas se mantienen en confinamiento obligatorio. Las cifras de fallecidos son más bajas que en junio, pero igual son decenas por día. Los nuevos contagios se acercan a los 2000 diarios. Mientras, en el hemisferio norte se mantiene un rebrote creciente que ha cerrado fronteras y cortado viajes de vacaciones. Nuestro turismo tiene un negro presente y futuro. Nada de esto importa en este país. ¡Pero el plebiscito va! Incluso el Congreso, siempre tan generoso con dineros ajenos, destinó $ 7000 millones extras para gastos del Servel, deben sumarse a los $ 36 mil millones que costará el acto electoral. Mientras, en Punta Arenas estamos recién empezando una nueva cuarentena. La cesantía no para de crecer. No se puede salir ni a la calle, menos reuniones, puerta a puerta y todas esas cosas que hacen una campaña electoral que no hay como hacerla en otros términos y llegar a quienes no acceden siquiera a internet o no se manejan con ella, y los medios de comunicación nacionales todos sesgados manejados por CNN y seguidores. En materia de cultura electoral, los chilenos somos gregarios, de palabras, de reuniones, y la costumbre tiene una vital importancia. No puede improvisarse nuevas conductas y medios menos cuando las preocupaciones y angustias de nuestros compatriotas van por otro lado. Se ha iniciado un paro nacional de camioneros. De a poco irán sumándose sindicatos y asociaciones. Ya no se trata de negociar ni de nuevas leyes, las que hay no se cumplen, y la exigencia al gobierno dice relación con lo mismo que la inmensa mayoría de los chilenos de verdad, no las parafernalias y pataletas callejeras, le estamos reclamando hace mucho tiempo: que imponga el orden publico, la Constitución y las leyes. El itinerario que nos lleva a este plebiscito en que millones no podrán ir sin riesgo de su vida, y nadie podrá sufragar tranquilo. Es absolutamente viciado, su origen es antidemocrático, violento y terrorista, y un gobierno desviado que no solo no ha cumplido sus obligaciones y compromisos, sino ha hecho exactamente todo lo contrario a lo jurídico y a sus compromisos electorales. De un origen ilegitimo solo pueden desprenderse actos viciados y eso es lo que se pretende ocurra a vista y paciencia de vastos sectores de derecha incluida que absolutamente extraviados y faltos de convicciones avalan por acción u omisión el terrorismo y la destrucción de nuestro país en esta revolución molecular que escala hacia una guerra civil y destruye décadas de progreso real, por entronización del “progresismo” sin progreso en la toma del poder total en la segura construcción de una nueva forma totalitaria. Es importante saber mantenerse en pie entre las ruinas, porque eso somos hoy, una ruina de país, ruina moral, política y económica derivadas de la primera, en que la sinvergüenzura es la infección mas extendida, más que el Coronavirus. El 25 de octubre no votaremos para decidir si queremos o no nueva Constitución y de ser así, ésta se hará “por el pueblo democráticamente por primera vez en la historia”. Se votará por sepultar la actual e imponer la que dejó hecha  Michelle Bachelet, redactada por Fernando Atria y otros neomarxistas. Pero esto a usted no se lo dicen. Claro, en esta viciada democracia de papel, el que más miente gana. Pero algo importante  saldrá de esto sin votar: que cada día más gente se da cuenta que la clase política del país en su conjunto debe ser reemplazada, no saben hacer leyes simples, menos una nueva Constitución que funcione. Y la “escondida” no funcionará, es muy mala, chanta. Porque de lo que se trata no es de disfrutar del Derecho Constitucional, se trata de imponer un régimen político totalitario de corte socialista según una cuidadosa planificación de varios años, mezcladas con decadencia y traiciones que ya conocemos. No es la Constitución, es el poder.

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