De los saberes a las competencias

Los
siete “lenguajes de la modernidad” definen los nuevos “contenidos” de
la educación. Lo que hay que aprender; lo que hay que enseñar. El
problema es que ya no alcanza solo con modificar los programas de
estudio. Para competir en la sociedad del conocimiento no basta con
saber las reglas de ortografía, el teorema de Pitágoras o las fechas
fundamentales de la historia. Ni siquiera basta con escribir bien,
manejar las operaciones matemáticas y conocer los procesos históricos
(No confundir con no enseñar en los colegios Lenguaje, Matemáticas o
Historia).

La
sociedad del siglo XXI requiere de algo más complejo que los meros
saberes o conocimientos. Requiere competencias. El viejo paradigma
centraba sus esfuerzos en que los alumnos “supieran”. Una buena escuela
era aquella capaz de garantizar conocimientos a todos sus alumnos. Hoy
es necesario una escuela, no solo de saberes, sino que además de
“competencias”.

¿Qué
son las competencias? Una competencia es un “saber hacer”, con “saber” y
con “conciencia”. El término “competencia” hace referencia a un
conjunto de propiedades de cada uno de nosotros que se están modificando
permanentemente y que tienen que someterse a la prueba de la resolución
de problemas concretos, ya sea en la vida diaria o en situaciones de
trabajo que encierran cierta incertidumbre y cierta complejidad técnica.
La gran diferencia es que la competencia no proviene solamente de la
aprobación de un curriculum, sino de la aplicación de conocimientos en
circunstancias prácticas.

Las
competencias están en el medio entre los “saberes” y las “habilidades”.
Entonces, las competencias, como conjunto de propiedades inestables de
las personas, que deben someterse aprueba permanentemente, se oponen a
las calificaciones que se medían por un diploma y por la antigüedad en
la tarea. Lo importante hoy es ser competente , que quiere decir saber
hacer cosas, resolver situaciones. Pero como las situaciones son cada
vez más complejas, ser competente requiere por un lado de muchos
saberes, teóricos y prácticos, y por otro de mucha imaginación y
creatividad.

Pasar
de los saberes a las competencias como meta de la enseñanza es
realmente importante no solamente porque en una democracia todos tienen
derecho al conocimiento válido, sino también porque la buena formación
de todos los ciudadanos es hoy el mejor pasaporte hacia una sociedad
responsable, educada, productiva e integrada socialmente.

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