De ser solitario a ser solidario

Se
había hecho una costumbre en nosotros, una práctica, ya todo un hábito,
que ni siquiera admitíamos o en el que reparábamos poco. Como personas,
como hombres y mujeres, más, siempre más, corriendo riesgos solos,
emprendiendo solos. Cada vez más, reacios a ser comunidad, cada vez más,
restándonos a acciones en común.

El
individualismo en exceso nos ha pasado la cuenta, la competitividad nos
ha atrapado. ¿No? ¡Sí! Este individualismo exacerbado ha carcomido gran
parte de la sociedad.

Todo
se genera, todo nace desde un individuo, mas siempre lo que se crea no
solo ha de ser en beneficio propio, sino también del prójimo, de la
primera comunidad, la familia, y de los demás. Y el beneficio no ha de
ser necesariamente metálico, sino de crecimiento personal, de desarrollo
humano, por ende tiene, sí o sí, un efecto multiplicador.

Hay
que abandonar la práctica solitaria, hay que dejar de ser un lobo
solitario, y ser un dador, un donador, un servidor per se. Y es la labor
de todos, sí, de todos; se debe abandonar el yo en solitario, y ser,
honesta, sinceramente, una persona que no se beneficia a sí misma, sino
una que sí beneficia con su ser, con su saber, con su hacer al otro, al
tú, al prójimo.

La
crisis de hoy, la de ayer, y la que está en ciernes en la agenda de
todos, requiere de voluntad, de donación, de servicio, sino de amor al
prójimo. Uno más uno ha de sumar ¡dos!, sino más que dos, de eso se
trata el aunar voluntades, eso es trabajo mancomunado, es decir, ha de
ser el resultado de acuerdos, de una idea o ideas puestas en común.

¿Cómo
podríamos salir avanti? Abandonándonos, donándonos, extendiéndonos,
pero ¿cómo? Nuestros dones, nuestras dotes, nuestro saber, nuestra
expertise deben estar al servicio de los demás.

Y
este debe ser un afán de todos, de todos, no de todos menos uno, sea
cual sea nuestro puesto en la sociedad. El lenguaje interviene aquí, una
vez más. Debem
os darnos la mano, debemos tendernos una mano, y creo que esta vez, han de ser las dos.

Pronto, en cualquier comunidad, sea cual sea el número de sus integrantes, su accionar
debe ser el resultado de un número mayor a las individualidades, pues
sus actos deben ser expresión de un mejor conocimiento de cada una de
las personas allí. Debemos ser uno más uno, debemos ser donosos,
servidores, bienhech
ores. Debemos abandonar el aislamiento, debemos dejar de ser individuos particulares y construir nostridad.

En suma, debemos dejar de ser solitarios y ser, de verdad, genuinamente, solidarios.

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