En su libro Memorias del año 20 el historiador Armando Braun Menéndez relata la celebración de los 400 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes, ya que encontrándose movilizado en Tacna (entonces chilena) el ejército lo designó edecán del Infante Fernando de Baviera primo del Rey de España que venía en un buque del Armada de ese país a representarlo en actos a largo de todo Chile desde el 18 de noviembre hasta el 18 de diciembre de 1920.
Evidentemente la culminación de la gira era la inauguración del monumento a Hernando de Magallanes. Si bien la fecha no era la exacta ya que esta tuvo que ser pospuesta por ciertas convulsiones políticas internas y externas que tenía el país, porque lo que les interesaba era que todo saliera bien. Las celebraciones en Punta Arenas fueron apoteósicas lo único que se lamentó fue la ausencia del Presidente de la República debido al cambio de mando en esos días. Uno de los temas más recurrentes entre las delegaciones era cómo sería la celebración de los 500 años.
Quien se iba a imaginar que el inaugurado monumento en el año de su centenario iba a ser varias veces vejado y que un diputado iba a pedir demolición. Menos se podría prever que el día del aniversario estando presentes los buques españoles el diario tiene que publicar que hay completo hermetismo en la celebración. Y aún más increíble que se prohíba a la población asistir, pero no se suspenden unas elecciones para cuatro días después que hay mucha más aglomeración de público.
Lo único es que ahora hay presencia del Presidente, pero a nadie le importa. Este debe tener su mente en 40 años atrás cuando en el teatro Caupolicán aplaudía entusiastamente al ex presidente Frei Montalva cuando denunciaba la falta de garantías del plebiscito constitucional de 1980 -resulta que el mismo es responsable de un acto electoral que en Magallanes se encuentran prohibidas las actividades fundamentales como: trabajo puerta a puerta, reparto de propaganda callejeras, reuniones explicativas, manifestaciones en lugares públicos o privados, abiertos o cerrados y recorrido por distintas comunas. Pero lo mas grave es que un importante número de personas tiene miedo de ira a votar porque encuentra que peligra incluso su vida y la de sus cercanos, como también el de estar confinado. Este temor es aún mayor para los vocales y apoderados de mesa.
Fuera de un atentado contra las prácticas de la democracia efectuar una elección con la situación de pandemia que tiene la región es un acto de extrema irresponsabilidad que puede tener consecuencias sanitarias, económicas y sociales nefastas. El hecho de insistir en hacer ahora el acto electoral demuestra que la clase política nos considera ciudadanos de segunda clase. La región tiene quince veces la tasa de incidencia que tenía la comuna de Las Condes (única en ese momento) cuando en marzo se suspendió el plebiscito y se postergaron los mandatos a los alcaldes de todo Chile. Lo que está claro que el problema de este país no es la Constitución sino la clase política que nos gobierna y el 25 de octubre es una ocasión para manifestarle nuestro repudio votando rechazo.