Decisiones

Las
decisiones que las autoridades tomen hoy, serán duramente enjuiciadas
por la historia con sus aciertos y omisiones, serán analizadas con lupa,
se miraran a través de un vidrio particularmente aumentado por la
perspectiva del tiempo y de las nuevas generaciones, que recordaran con
dolor y pena al familiar, pariente o amigo que ya no estará.

Las
 opciones morales de la autoridad a la hora de indicar un curso u otro
frente a esta pandemia, en la perspectiva futura, las acercará o
alejarán del concepto de genocidio social. A veces es bueno tener
presente, que lo moralmente correcto se convierte también en lo más
inteligente, pero si las autoridades solo se mueven o motivan por
intereses de naturaleza mercantil, es poco probable que miren más allá
de un balance y podremos imaginarnos donde los acercara más la opinión
pública y la historia cuando los juzguen.

Es
cierto que como consecuencia de este virus estamos comenzando a vivir
uno de los shocks macroeconómicos más grande de la historia, – el más
grande de los últimos 100 años -. Paralelamente, también es cierto  que
nuestro país vive de las  exportaciones de bienes, exportaciones de
servicios, incluido el turismo, y de las remesas.  Pero la realidad más
dramática es que mucha gente vive del día a día y no se pueden pasar
tres semanas o un mes sin ganar dinero, lo cual hace muy dificultoso
quedarse en sus casas al menos que reciban algún tipo de ayuda del
Estado, tal y como ha sucedido en otros países.

Es
cierto también, que tomar decisiones acertadas no es fácil, hay que
estar en los zapatos de quien ejerce la autoridad, – otra cosa es con
guitarra, dice el dicho -, sin ser vacilantes y pusilánimes, aún más
pensantes deberían ser entonces las autoridades pero sobre todo se
espera que sean  más certeras y  confiables. Cuando se instala la duda y
la improvisación, se incuba y contribuye al periodo de latencia de una
crisis de credibilidad, en la cual la mayor parte de las personas  no
creerán en sus autoridades, por eso necesariamente deben actuar con
prontitud, prudencia, cautela y humanidad  frente a esta pandemia.

La
única verdad instalada en la conciencia, es que la “vida esta primero”,
después vendrá todo lo demás, a no ser que se impongan  la
s
premisas neomalthusianas de personas misántropas (que desprecian la
vida) que dictaminaban, “No podemos matar toda la actividad económica
por salvar las vidas”,  “no podemos seguir parando la economía, debemos
tomar riesgos, y eso significa que va a morir gente”.

La
esperanza es que las autoridades estén por sobre las opiniones de los
“mercachifles” de la sociedad, que miran a las personas y sus vidas al
estilo del rico Epulón (daba a los demás solo las migajas que caían de
su mesa) y adoran a Mammón, el  demonio de la avaricia, la riqueza y
la injusticia.

Las
decisiones tímidas y basadas en el constante ensayo y error, por parte
de las altas  autoridades del país, pueden traer consecuencias
lamentables en el presente, tratar de volver a la normalidad cuando esta
no existe, parece un pecado de soberbia, que será tapado con tierra
sobre las personas. Al igual que la desidia de la autoridad para detener
la gula de la banca, las isapres que en plena pandemia suben sus
planes, o las AFPs que reparten millonarias utilidades a sus dueños,
mientras se derrumban los ahorros de las pensiones.

 Si
bien es cierto, que a la hora de tomar decisiones nada es tan perfecto,
– como se dice – , no existen los trajes perfectos pero si  existen los
trajes perfectamente tallados,  pero eso si,  hay que tallarlos muy
bien de acuerdo a las verdaderas  circunstancias de cada sociedad.

Dirigir
una sociedad en pos de ese “indivisible bien común”,  no es lo mismo
que dirigir un comercio o una empresa, la autoridad  en estos trances de
crisis debe también hacerse cargo del lado humano de la pandemia, de lo
contrario  genera miedo y desolación, en lugar de sembrar esperanza,
confianza y convicción.

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