Dejar de llorar y avanzar

El mundo está convulsionado. Hoy es la pandemia que destruye vidas, familia, empresas y economías. Otras veces han sido guerras, terremotos, huracanes e incendios desastrosos, que focalizados en áreas geográficas distantes solo ha sido noticia morbosa trasmitida y consumida por quienes no les afecta.
Resulta impresionante que estando en el último lugar del mundo llegamos a la cima de cualquier estimación pensada para los contagios del Covid-19. En cuanto a cifras, aparecemos desbocados y nadie entiende nada porque la gran mayoría de la población ha estado cuidándose para no exponerse a contagios y, a pesar de todo, los afectados suman y suman. Sin duda nuestra región es una especie de fusible porque lo que aquí ocurra y las decisiones que se adopten se reproducirá de manera exponencial en otros lugares. Santiago tiembla. El mundo no puede estar tranquilo por los rebrotes y ya lo vio Italia, Francia, España e Inglaterra, por lo que no hay modelo predictivo que sirva. La especulación es mala consejera y peor compañía porque lleva a falsedades consideradas como verdades y en la necesidad y en la obtusa necedad, serán muchos los que se arriesguen.
Se han perdido o desmerecido en calidad celebraciones de bodas, cumpleaños, aniversarios y un cuanto hay y hemos tenido que dejar partir solos hacia el camposanto a muchos de quienes no hemos podido despedirnos. Ellos dejan una estela imposible de borrar en los que no logran aceptar que ya no están.
Aunque nos demoremos en admitirlo estamos en la puerta de una nueva forma de sociedad, donde el trabajo y la educación va a tener que ir de la mano con políticas de verdadero crecimiento. Son muchísimos los estudios que se han financiado con dineros públicos para ver la realidad de nuestro país y es hora de comenzar a buscarlos y sacarlos de las polvorientas cajas en que fueron guardados y desechados. De algo que sirvan, pues en su debido momento tuvieron un impacto que resultó más mediático y económico para el que las hizo, que con un serio interés en aplicarlos.
¿Cuántos proyectos sobre desarrollo de Magallanes se han elaborado? En ellos estará, sin duda, la respuesta para comenzar a rearmar nuestra sociedad luego que el turismo se vea afectado tan tremendamente como se estima ocurrirá. A 500 años del paso de Magallanes por el estrecho, es hora de comenzar a ahondar en proyectos de impacto que tengan respuestas en 3 o 4 años más, cuando tengamos nueva oferta a los visitantes. Quedan muchos espacios por abrir y oportunidades para desarrollar y hay que suspender proyectos costosos e inútiles por abrir nuevos senderos. Los visionarios, orgullosos de las bellezas territoriales no pueden destruirse por el efecto recesivo. Potenciar el Parque Coloane, el Seno Almirantazgo, terminar la ruta a Yendegaia, llegar a Froward, una marina útil para nuestra ciudad, Canal de las Montañas, Puerto Edén y Fiordo Pío XI, entre otros puntos, están ahí, listos para ser desarrollados. Como las Torres del Paine, con caminos y reconocimiento mundial, generaba buenos recursos, se transformó en la vedette de nuestra región, olvidando todas las otras por temas de rentabilidad. Es momento de despercudirnos de la modorra del encierro y dejando de llorar por la tragedia, comenzar a proyectarnos al futuro que, siempre estará.

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