Para
responder esta pregunta, lo primero que hay que hacer es partir
definiendo: ¿Qué es la calidad de la educación? Sin lugar a dudas, este
es un concepto muy complejo que puede ser abordado desde diferentes
perspectivas. Algunas definiciones ponen énfasis en los logros de
aprendizaje como es el SIMCE. No obstante, hay otras definiciones que se
centran principalmente en el ser humano. De este modo, algunas de ellas
apuntan al acceso que tienen los educandos a los recursos de
aprendizajes. Otras más exhaustivas, contemplan las oportunidades que
tienen los estudiantes de adquirir conocimientos y competencias que les
permitan desarrollar sus potencialidades y posteriormente contribuir
al bien común y desarrollo del país.
La
educación online en sí misma, puede ser de altísima calidad. Si se
consideran los siguientes atributos: en el ciberespacio existe una
cantidad inconmensurable de información, facilita la formación
permanente, desarrolla en el estudiante la capacidad de aprendizaje
autónomo al igual que la resolución de problemas. De igual manera,
incrementa otros tipos de conocimientos y competencias que la realidad
actual demanda del educando. Incluso la excelencia de este tipo de
educación se puede ver potenciada si se capacitan a quienes la van a
impartir, tal como lo está haciendo la Universidad de Magallanes en
cada uno de sus estamentos.
Entonces
cabe preguntarse: ¿Dónde está el problema en cuanto a la calidad de
este tipo de educación? Sin lugar a dudas, en la dificultad que tienen
al acceso a la educación virtual los sectores sociales más carenciados y
vulnerables. Si, en la actualidad el SIMCE ha reflejado que hay una
diferencia en el rendimiento de los alumnos (a lo menos) de 50 puntos
entre el sector socioeconómico alto y el bajo. ¿Cuánto más se va a notar
esto cuando la formación online se transforme en obligatoria desde los
primeros años de escolaridad?
Las
autoridades que han reflejado ser inmediatistas ¿Se habrán preocupado
de esto? ¿Les interesara realmente como van asumir la formación online,
familias que apenas tienen luz eléctrica y cuyos padres probablemente
son analfabetos digitales? Si esto último no ocurre, la brecha entre los
que tienen y aquellos que no tienen, se irá transformando cada vez en
más abismal y como es obvio quienes van a perder (como siempre) serán
los más pobres.
Lamentablemente
mi actitud frente a esta problemática es muy poco optimista, porque en
estos tiempos de pandemia se ha visto una ceguera o una total
insensibilidad de parte de quienes tomas decisiones o asesoran, frente a
un problema humanos como es: la Salud Mental. A tal punto que ni
siquiera se han preguntado: ¿Qué relación existe en esta región entre el
número de contagios y los problemas en la Salud Mental que esta
exhibiendo la población? Solo resta decir que una problemática humana,
sencillamente la han restringido a un escueto conteo de casos.