El 10 de Chile

La
posibilidad de retirar del 10% de los fondos que cada persona tiene en
la Afp que cotiza, se ha ido convirtiendo en asunto de aquellos que
podrían cambiar el curso de los acontecimientos. Es una especie de
batalla que simboliza para algunos, la derrota tan esperada del modelo
económico chileno que tantos beneficios ha traído a una nuestra patria. Y
junto con ese anhelo, está el deseo expuesto de propinarle una dura
derrota política al actual gobierno.

Para
otros, prima la necesidad imperiosa y urgente de llevarles un alivio
tan necesario a muchas familias ya sin empleo y sin un horizonte claro,
poniendo dinero en sus manos de manera expedita, porque las medidas
gubernamentales dicen, son tardías y poco claras.

Están
aquellos, por otro lado, que recurriendo a los números, a la ciencia
económica y a los argumentos técnicos, se oponen tenazmente al retiro
anticipado de un porcentaje de fondos de pensiones que están destinados
única y exclusivamente a financiar los años de retiro laboral.

Es
inmoral usar la necesidad económica y la urgencia incluso sanitaria,
como arma política para derribar un sistema y un gobierno que nos les
acomoda ideológicamente. Es desesperanzador darse cuenta que no se
trepida en nada para lograr objetivos políticos, y escucharles hablar en
nombre de los pobres y los necesitados, cuando desde sus posiciones de
privilegio y dinero, su verdadera preocupación y ocupación es lograr el
poder que las urnas y la voluntad popular les negó. Porque la pregunta
es ¿qué viene después del 10%?

Ciertamente
que frente a la evidente penuria de mucha gente en nuestro país, los
encargados del gobierno no han sabido transmitir la calma tan necesaria
en tiempos en que las certezas van muriendo día a día. Y que enfrenta
dos
a un problema eminentemente técnico, como es el retiro de un porcentaje
de los fondos de pensiones, que al decir de una gama variopinta de
economistas, es una mala idea, esta haya mutado dramáticamente a ser un
asunto político. O de otra manera, el Gobierno fue llevado por errores
propios y por el actuar inescrupuloso de políticos de izquierda, al
terreno en que sólo las percepciones son las que cuentan, las que
construyen realidades, las que se erigen como pétreas verdades, cuando
sólo son hojarascas las más de las veces.

Cómo
entonces pedirles o mejor dicho, exigirles casi bajo pena de excomunión
partidaria, a aquellos que teniendo antecedentes técnicos para reclamar
por la inconveniencia del retiro de los fondos, que actúen de un modo
contrario a la urgencia económica de mucha gente que necesita ver en la
actividad política un camino de solución práctica a sus problemas, y no
una fuente de querellas, discursos vacuos o proyectos enrevesados.

Hay
tan buenas razones para que desde la recta conciencia, se permita el
retiro de un porcentaje de los fondos de pensiones sólo para efectos de
intentar capear tan feroz tormenta, como para negarse a ello por
atendibles razones técnicas. Que la balanza se incline por una u otra
opción, dependerá de dar mayores seguridades a las personas que están o
se sienten desesperadas. En todo caso, no caben los gestos y expresiones
dramáticas, ni los festejos destemplados e infantiles.

En
lo que no es posible encontrar buenas razones, es en el chantaje moral;
en el odio hecho política; en las frustraciones personales
colectivizadas y disfrazadas de justicia social; y en el azuzar para
generar violencia y terminar de despojar de las pocas pertenencias a
quienes desde octubre del año pasado han sufrido los rigores de las
ideologías disolventes.

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